Consumado el previsible descenso del glorioso River Plate a la B Nacional, el arrabal de la amargura colectiva decoró la desolada escenografía del Monumental. Desbordados por la diabólica partitura del desconsuelo, los genuinos hinchas del Millo asistieron incrédulos al funeral futbolero que sepultó ciento diez años de opulenta estadía en Primera. Atrás quedó la devastadora gestión presidencialista de José María Aguilar y sus secuaces, quienes vaciaron las arcas de River y subastaron al mejor postor hasta su identidad. Y, en menor medida, el autoritarismo de Daniel Passarella, cuyo personalismo conductivo aisló al club y lo dejó a merced de los vengativos buitres del entorno político. O de la calle Viamonte, que es lo mismo. Párrafo aparte para su sentencia de tiempo cumplido al calificar el mandato de Julio Humberto Grondona. La dolida feligresía de la Banda Roja criticó la falta de oportunismo de Passarella. No obstante, el sanguíneo gesto fue sincero y valiente. Los principios no obedecen a conveniencia alguna. Caso contrario, se convierten en posturas acomodaticias que cotizan a la baja en los mercados bursátiles de la hipocresía. Leer mas »
Sentado en el sillón del paraíso ofrendado a las sensibles plumas de la inmortalidad, Julio Cortázar siente un dejo de repentina nostalgia. Aficionado al boxeo, se sorprende ante el irracional cosquilleo que le provocan las artísticas hazañas de Lionel Andrés Messi. Cerebral, estima que la tormenta afectiva del fútbol será pasajera. Acto seguido, prosigue con la liturgia de la lectura, sanadora de afligidas almas tentadas por la cautivante doncella de la eternidad. Lejos de aplacarse, aquel indómito sentimiento persiste, desafiando insolente a las impasibles agujas del reloj divino. Desencajado, Cortázar sopesa estar infectado por la traicionera patología del “síndrome del campeón”. ¿Cómo es posible que un diabólico festejo goleador lo desestabilice? ¿Acaso las alturas no otorgan inmunidad suficiente para combatir los maliciosos efectos de la cultura de la pelota? Leer mas »
Cuando Manu Ginóbili se bajó del Mundial de Básket de Turquía 2010, los apologistas de la argentinidad lanzaron sus venenosos dardos dialécticos señalando inquisidoramente la falta de compromiso celeste y blanco del colosal “20” de los Spurs. Desde ya, ni sus compañeros de la Generación Dorada ni Sergio Hernández cayeron en la infame trampa tendida por el desmemoriado club de los patriotas, radicales chauvinistas que ocultan mezquinos intereses económicos a nombre del sagrado himno nacional. Abstraído de aquella toxicidad verbal, Ginóbili se refugió en su “doble” rol de padre primerizo (el nacimiento de Dante y de Nicola fue como recibir dos nuevos anillos… de incomparable ¡felicidad!) y en un entrenamiento a conciencia que le permitiese volver a disputar una final de NBA y despedirse a lo grande de la Selección en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. ¿Inesperadamente?, el sacrificio de Manu tuvo inmediata recompensa; los Spurs dominan ampliamente las estadísticas de la temporada regular con un Ginóbili intratable y los coachs de la liga lo votaron masivamente para que fuera parte del All Star Game 2011. Avalado por el reconocimiento de la cátedra “naranja”, la glamorosa Los Ángeles recibió la bahiense humildad del mejor basquetbolista argentino de la historia (¡es hora de decirlo con todas las letras!), ajeno a tanta luminaria hoolywodense presente en el mítico Staples Center angelino. Leer mas »
Atormentada por los sucesivos títulos del Barça (¡ocho sobre diez posibles!), la dirigencia del Madrid vendió su alma a un arrogante diablo portugués llamado José Mourinho. Dueño de un inmaculado currículum, “Mou” arribó a la Casa Blanca como el redentor del madridismo, desquiciado por la excelencia y las repetidas vueltas olímpicas del histórico team de Pep Guardiola. Provocador por naturaleza, el matrimonio Madrid-Mourinho generó desconfianza en el mesurado comité merengue del sentido común, sabedor tanto de la procacidad verbal como del incontrolable carácter de The Special One. No obstante, obnubilado por el imposible de echar al Barcelona de la Champions… y de la final del 22-M en Madrid, Florentino apostó buena parte de su renovado crédito político en el Salvador Mourinho. Recorrida media temporada, los presagios de un divorcio anunciado pagan pocos euros en el mercado de la Castellana. Devaluado en juego y salpicado por el inflacionario ego de su míster, el Madrid cotiza en baja en la Bolsa de los Estamentos del Fútbol Español, harto de la inconcebible insolencia oral del mediático operador bursátil del Bernabéu. Leer mas »
La inconfudible voz de Charly García, irreverente poeta de los escenarios del rock nacional, exterioriza un indisimulado sentimiento de repudio hacia los militares genocidas que sojuzgaron al país durante ocho interminables años de represión y dictadura. Entonces, la osadía del cantante de Sui Géneris se traduce en un himno que califica por sí solo a los ilegales gobernantes de Argentina: “¡Nunca pensé encontrarme con el diablo, tan vivo y sano como vos y yo; tenía la risa que le dan los años, y la confianza que le da el temor!”. Genio precoz, Charly nunca desafina al interpretar la partitura del ciudadano del rock, representado cabalmente por las letras del sensible autor. Instruido en las militantes y cómplices aulas del Dámaso Centeno, Charly gambetea el vesánico mensaje del club del uniforme con idéntica astucia que Ricardo Bochini, eximio solista a tiempo completo del mítico Cilindro de Avellaneda. Rebelde por naturaleza, el músico compuso aquellas rimas tras una “invitación” del mismísimo presidente de facto Viola a la Casa de Gobierno (Charly asistió escoltado por sus colegas David Lebón y Luis Alberto Spinetta), preocupado por el tenor de un puñado de incómodas estrofas, indescifrables para el limitado intelecto del nefasto interlocutor. Leer mas »
Iker Casillas, excitado por los cantos de sirena de un invicto que disimulaba flaquezas colectivas y obligados ajustes en períodos de formación, cometió el pecado capital de catalogar al FC Barcelona como una moda. Al poco tiempo, el once de gala de Guardiola respondió al osado portero con cinco poéticos goles en las verdes tablas del teatro-coliseo del Camp Nou. Aturdido por los éxitos color blaugrana -dos años y medio de “irritante” hegemonía futbolera-, el madridismo apeló (y apela) a una sistemática procacidad verbal cuya solapada intención apunta a desestabilizar al sublime equipo catalán. El innoble cometido no mezquina euros, convenientes guiños al militante Quinto Poder capitalino ni la complicidad de rentados nombres ilustres. La saga de improperios arranca en Mr. Mourinho, continúa con el aval de los inescrupulosos apólogos de la prensa partidaria y finaliza con la altivez dialéctica del mejor discípulo de The Special One: Cristiano Ronaldo. Afortunadamente, Florentino y Valdano hacen público alarde de una plausible caballerosidad, menguando la patética imagen ofrecida por su estelar dueto mediático. Igualmente, la civilidad de los altos mandos del Bernabéu esconde las secuelas de un angustiante ataque de pánico, agravado por la extensa sequía blanca y los repetidos festejos en Canaletas. Leer mas »
Derrotado en tiempo extra por el dream team de la parca, la exuberante osamenta del pívot Jorge González descansa en paz; fugaz amo y señor de la pintura, la canasta de la agonía doblegó -¡sobre la chicharra!- al indómito campeón de El Colorado. Condenado al escarnio de la pobreza, el formoseño extrajo petróleo “naranja” de sus doscientos treinta centímetros. Educado por el visionario León Najnudel (¡cuánto se extraña tu pedagogía, Ruso!), el Gigante debutó en la Liga con el escudo de Gimnasia y Esgrima La Plata. Agobiado por la diabetes, el sobrepeso y un despido de los Atlanta Hawks, González cambió el aro por la “verde” tentación de la lucha libre. Consumada la ceremonia del adiós, el paraíso del baloncesto propició el célico reencuentro; ofuscado por un fallido pick and roll, Najnudel regaña al Gigante: ¡La próxima que sea una volcada, Jorge! O un triple a la vida, León.
Sergio A. González Bueno
El despótico y perpetuo mandato de Julio Humberto Grondona al frente de la AFA (31 años de una nefasta gestión personalista), avalado por interesados guiños del poder político de turno y dirigentes que vendieron su honradez a cambio de pasajes en primera clase, hoteles cinco estrellas y rescates económicos para oxigenar las arcas de sus endeudados clubes, destituido Maradona como DT por el padrino Don Julio, incluyó el pernicioso destape de las “redondas” miserias que supimos conseguir, habilitando un papel protagónico al elenco estable del decadente cabaret celeste y blanco. La procacidad verbal de los actores involucrados emuló a los patéticos guionistas de Show Match (¿quién está más enfermo, Tinelli y sus productores o el público que consume masivamente sus envíos?), exhibiendo un repudiable arsenal de acusaciones, escándalos y amenazas. Diego acusó de traidor a Bilardo y de mentiroso a Grondona; exaltado por el rotundo calificativo del cesante entrenador, Bilardo contraatacó y propuso organizar una catártica conferencia para contar toda “su” verdad. Horas más tarde, Grondona obligó al Doctor a cancelar su ¿explosiva? rueda de prensa. Entre tanto disparate, apareció en escena el proscrito ayudante Oscar Ruggeri, enemigo íntimo del padrino Don Julio. Sin ánimo de apagar las luces del salón Nacional, el Cabezón confesó que Grondona lo había amenazado -a través de Maradona- con pegarle un tiro en las piernas. ¡Y Grondona lo confirmó!… minimizando la denuncia conforme la agresiva dialéctica del temperamental personaje. La cultura del todo siga en su máxima expresión. ¡Vergonzoso! Leer mas »
La omnipresente prensa futbolera madrileña, retornado el mecenas Florentino Pérez a los dominios de Chamartín en el verano del 2009, pronosticó -a tono con la grandilocuencia del caso- una inigualable superproducción cinematográfica blanca, dominada por luminarias tales como Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema y demás actores principales de la pelota. Avalada por la irresistible chequera del productor-magnate de la construcción, la prometedora película del Real Madrid apuntaba a batir todos los récords de taquillas en el célebre auditorio del Bernabéu. Para decepción de la cinéfila feligresía merengue, despedida por el insensible calendario la temporada 2009/2010, los endiosados intérpretes del guión de la vuelta olímpica protagonizaron el triste papel de villanos. Despojados de la gloria doméstica por un celestial FC Barcelona, paladín de la estética que enamoró a la multicultural parroquia del caño con el exquisito montaje de la toma del gol y la mirífica simetría de la fotografía del alirón, el filme de la Casa Blanca fue el hazmerreir de la impiadosa crítica capitalina, presurosa por condenar a cadena perpetua al fallido realizador chileno Manuel Pellegrini. Y de buscar en el director-vengador José Mourinho el antídoto infalible que permita romper la hegemonía blaugrana, premiada por el jurado del balón (célebre triunvirato que desprecia la Jabulani) con el memorable Óscar de las Siete Coronas. Leer mas »
La apacible primavera madrileña ejerce de competente musa para el histriónico compositor porteño de la Buenos Aires que nunca duerme. Perseguido por los ancestrales duendes del poeta y vocalista Miguel Abuelo, el Salmón apura las sensibles rimas de su novísima creación, esperanzado en renovar -¡una vez más!- el contrato afectivo con el universal auditorio del rock. Agotado tras la prórroga con el temible contrincante llamado inspiración, el músico-jugador concede un merecido descanso al socio teclado, fiable compañero de incontables gestas sobre escenarios continentales. Ausente el sonido en la sala de ensayo y esparcidos por la geografía de Las Rozas sus cómplices colegas de batería, bajo, viola y demás instrumentos sanadores del alma rockera, el Salmón apela a su memoria emotiva, rescatando al joven cantante de la “redonda” partitura dominguera que algún día supo ser. Entonces, imaginariamente transportado a la venturosa década del 80, el Diablo Rojo del hit evoca -perseguido por la nostalgia del asfalto de Cordero y Alsina- el reconocido gen ganador de Ricardo Bochini, Enzo Trossero, Claudio Marangoni y Jorge Luis Burruchaga, ídolos con galones de la devota cofradía de la Doble Visera. ¡Cómo olvidar el armónico y ensordecedor coro de aliento de la exquisita hinchada de Independiente! Leer mas »