El tórrido 5 de febrero de 1984 la geografía bonaerense de Ciudadela acunó los primeros y “redondos” llantos de Carlos Alberto ¡Martínez! Primogénito del humilde matrimonio formado por Adriana Tévez y Segundo Martínez, el indomable Carlitos creció en las inhóspitas esquinas del temerario barrio Ejercito de los Andes, popularmente conocido como Fuerte Apache. La posterior llegada de sus tres hermanos, superada la inicial algarabía del natalicio, acentuó los problemas económicos de la apremiada familia Martínez. Gambeteando la cruda realidad del desamparo, Carlitos encontró en el fútbol un dichoso escape a la onerosa cuota de la desolación cotidiana, execrable tributo social dispensado a los indefensos afiliados al infausto club de las carencias. Entonces, seducido por el encanto de los mágicos potreros criollos -formadores de innumerables talentos nacionales de exportación-, el diminuto artista de la pelota dribló astutamente las demoníacas y juveniles tentaciones de la delincuencia y la drogadicción. Leer mas »
¡Somos campeones, Garrafa!
Eliseo Mouriño, elegantemente trajeado y con su infaltable corbata verde desanudada y apuntando al Sur, mira el reloj pulsera de su mano derecha repetidamente. El caballero de los estadios, acostumbrado a las grandes hombradas en el círculo central, libra una desigual batalla contra los derrotistas demonios que sobrevuelan tenazmente sobre el firmamento color esmeralda. Angustiado, avizora la leprosa silueta del malvado enemigo rosarino, ducho en imposibles como arrebatarle un título al gigante Boca Juniors en el mítico patio de su casa. Dominado -en la víspera de la gran cita- por la patología de un inusual síndrome de ansiedad, Eliseo busca con su impaciente mirada la complicidad de un juicioso compañero de aventuras en el paraíso.
-¿Oiga, Don Valentín, a qué hora es el partido de Banfield?
La pronta respuesta del vitalicio presidente -imbuido por la cultura de la precisión anglosajona fundadora del club- se hace eco en la geografía de la eternidad.
-¡A las 5 de la tarde, Eliseo! Leer mas »
La recordada y funesta Guerra de la Triple Alianza (1864/1870) ungió al adolescente soldado-voluntario Cleto Mariano Grandoli como auténtico héroe nacional. El efebo y guapo subteniente rosarino -¡pocos meses luego de festejar sus 17 abriles!-, en un acto de inconsciencia y extremo patriotismo, ofrendó su vida en el hostil campo de batalla de Curupayty. Entonces, tras ser asesinado en combate por el inclemente ejército paraguayo, su cuerpo quedó envuelto en el escudo de un ensangrentado confalón argentino. Tamaña bravura bélica en territorio guaraní apuró el mote que identificaría para la posteridad al aguerrido miliciano: el Abanderado Grandoli.
Homenajeando la bravura del célebre y precoz caudillo, un grupo de nostálgicos paisanos amantes del cuero fundó el Centro de Educación Física Nº 8 Abanderado Mariano Grandoli, santuario que cobijó las primeras definiciones a los ángulos del peregrino del gol: Lionel Messi. Nacido en el Hospital Italiano Garibaldi de Rosario un 24 de junio de 1987, el anarquista de la gambeta rápidamente impuso la doctrina de la libertad creativa y la abolición del resultado a cualquier precio. Aparicio, entrenador de las categorías infantiles del Grandoli, doblegado por la insistencia de la abuela materna Celia, aceptó el messiano convite de la prueba cardinal. Leer mas »
El pitazo final del impresentable árbitro paraguayo Carlos Amarilla desató el generalizado descontrol del cuerpo técnico y los jugadores de la Selección. De manera grotesca e irracional, consumada la “hazaña mundialista”, los destinatarios de los agravios tuvieron nombre y apellido: ¡la prensa antiargentina! ¿Qué hacía Bilardo camuflado y dando instrucciones desde el túnel? La penosa clasificación in extremis a Sudáfrica 2010 (de 10 participantes sudamericanos, cuatro entraban en forma directa y el quinto tenía el premio de un repechaje contra probables “potencias” como ¡Costa Rica u Honduras!), lejos de bajar los decibeles de los futbolistas-hinchas, acrecentó el encono de los gladiadores azules hacia el diabólico Cuarto Poder, ideario gestado por el inolvidable escritor, político y orador anglo irlandés Edmund Burke. Sólo la lucidez de Juan Sebastián Verón -líder espiritual y futbolístico del inestable once de Maradona- escapó a la mediocridad del lamentable episodio. El cerebral futbolista platense, apartado de los festejos agresivos por decisión propia, tuvo la valentía de cuestionar públicamente las miserias del modelo Grondona-Maradona. Esperemos que tamaña sublevación no le cueste el absurdo de mirar el Mundial de Sudáfrica por TV. ¡Aunque Pekerman estaría encantado! Leer mas »
El anuncio oficial de la “democratización del fútbol”, efectuado por la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, el plenipotenciario ministro de la AFA Julio Grondona y hasta el mismísimo DT de la Selección, Diego Maradona, preludió una conflictiva ruptura contractual anticipada con el vitalicio socio Televisión Satelital Codificada (TSC), popularmente conocido como Torneos y Competencias. Las oscuras tramas de la rescisión incluyeron pedidos de considerables aumentos en los devaluados cachets afiliados -acordes al nivel de ingresos televisivos abonados en similares Ligas, según la dirigencia afista-, sistemáticamente negados por el poderoso multimedio, y muchos millones de adelanto para afrontar las agobiantes deudas de los clubes con Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), la Unión de Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles (UTEDYP) y la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Disconforme por el veto-retaceo económico de su monopólico accionista, Grondona se alió con los altos mandos de la Casa Rosada. O, mejor dicho -¡traicionando a su otrora benefactor aliado!-, se alistó en la tropa del enemigo íntimo número “1″ del Grupo Clarín (dueño del 50% de las acciones de TSC), Néstor Carlos Kirchner.
Dolido por la crítica postura del periódico líder hacia su doble comando de gestión gubernamental y arrastrando -¡todavía!- las esquirlas internas de un justicialismo fragmentado luego del doloroso traspié electoral bonaerense ante Francisco De Narváez, el ex presidente planificó una diabólica venganza hacia la familia Noble. Leer mas »
René es un humilde y disciplinado chico platense clase 23; hijo de una creativa modista y de un sacrificado carpintero, el novicio abanderado de la cultura Tripera (¡honor a los jugadores-obreros de los frigoríficos de Berisso y Ensenada!) convive con la progenitora palabra santa del derrotero de la honradez y el apego a la sociedad del conocimiento. Criado en los célebres adoquines del barrio El Mondongo, el aprendiz de campeón gambetea los despiadados embates del once de la necesidad con similar pericia anotadora que su mirífico ídolo, el bombardero del ilustre Expreso, más conocido como Arturo “El Torito” Naón.
Perdidamente enamorado de una deshilachada bandera blanquiazul instalada en la estrechez de su cuarto, René sacraliza las bondades de un sentimiento inexplicable llamado Gimnasia y Esgrima La Plata; apasionado por los rituales domingueros de la popu, el pibe de doce años no sabe de excusas ni de ausencias. Entonces, sus infaltables citas a la tribuna vestido con los colores del Lobo -invariablemente escoltado por la proselitista muchachada mondonguera- decoran el concurrido santuario del Bosque, gozoso por contemplar el recambio generacional del conmovedor aliento en los tablones del Zerillo. Leer mas »
La humilde geografía del barrio de los Tachos, recinto urbano ubicado en el mapa capitalino de la populosa Saavedra, en medio del sofocante calor de un recordado 29 de enero de 1926, acunó los primeros y ¿afinados? llantos de un saludable varón nacido en Superí y Avenida del Tejar, bautizado por sus padres con el nombre de Roberto. Hijo de Emilio Goyeneche y María Elena Costa, ambos descendientes de vascos emigrantes del “exilio del hambre”, la consensuada decisión de llamar Roberto a su primogénito obedeció a un homenaje póstumo para con la memoria de su tío -fallecido repentinamente de una extraña dolencia-, un eximio pianista de tango que le puso música a los versos de Pompas, relanzado como… de jabón tras su efímera partida, mágica creación del inolvidable poeta del dos por cuatro Enrique Cadícamo, cuyo exitoso estreno en el teatro Astral, cuando 1925 recién estaba gateando, lo interpretó con nota un cantor apodado el morocho del Abasto, más conocido como Carlos Gardel.
Roberto “Polaco” Goyeneche, genuino heredero de los genes artísticos del músico de la dinastía y armonioso gorrión -desde niño- de melodías arrabaleras, honrando su incondicional amor por el fútbol y por su querido Platense, no gambeteó el destino legado del compás, el vals y la milonga. Leer mas »
La incipiente primavera de 1942 ofició de anfitriona popular y nos regaló la bendición del natalicio de una leyenda de los puños que interpretó como pocos el sentir del gen argentino. La partida del Registro Civil delata que el 25 de septiembre de aquel convulsionado año, en medio del horror de la Segunda Guerra Mundial protagonizada por el Eje y los Aliados, con Ramón Castillo al frente del gobierno nacional, doña Dominga Grillo dio a luz -en el barrio de Boedo, paradoja del destino- a un niño bautizado como Oscar Natalio Bonavena, quien acusó en la báscula ¡3,950 kilos de peso!
El muchacho de voz aflautada y físico portentoso, en su primer acto de sana rebeldía, le propinó un soberano hook en la mandíbula a las ilusiones de buena parte del vecindario y se convirtió en fervoroso hincha del Globo; la Quema fue su segunda casa y el boxeo su escape a las carencias adolescentes. La necesidad lo forzó a abandonar los estudios e incursionar en diversos oficios para ganarse la vida y vencer por fallo unánime a la subsistencia. Repasemos: cocacolero, repartidor de pizza, empleado de carnicería y picapedrero, entre otros. Su prematura vinculación al mundo de la soga y del puching ball se produjo por sugerencia matriarcal. Los primeros jabs para imponer distancia y llamar la atención de los ojeadores tuvieron lugar en la sede de su eterna novia: el Club Atlético Huracán. Leer mas »
La tiranía del calendario -generalmente- nos provoca una mueca de desencanto y resignación ante el inexorable paso del tiempo. A modo de resistencia y retando la omnipotencia del lord gregoriano, los aprendices de poetas que habitan diariamente la geografía de los bares porteños rescatan la teoría de la juventud divino tesoro para combatir el patético mal del reloj no marques las horas. Entonces, los emotivos recuerdos de aquellos dorados años, inmortalizados por los sabios narradores de ocasión, invitan a una nueva ronda de café a cargo de la vida. La nostálgica regla contempla afamadas excepciones. Una de las más valoradas por los criollos de ley -por sentido de pertenencia e identificación con los colores celeste y blanco- se produce cada 30 de octubre, célebre fecha de nacimiento del icono futbolístico nacional por antonomasia: Diego Armando Maradona.
El “10”, en épocas de oscurantismo, glamour y abundancia de ídolos de barro, portó con valentía el traje de héroe sin fronteras al servicio de los fieles peregrinos de la cultura de la pelota. ¿Cómo olvidar sus hazañas en tierras aztecas con el valor agregado de la segunda Copa del Mundo para las vitrinas de la AFA, disparador consagratorio que ratificó su status de número uno indiscutible? ¿O la épica e inigualable pintura impresionista -inspirada por los duendes de Monet y Rembrandt- que significó el legítimo gol que sufrieron los ingleses? ¿Acaso no nos sentimos dignamente representados con su visceral insulto a los italianos en la morbosa final del Olímpico de Roma en 1990, justificado por el ofensivo e irrespetuoso agravio del silbido generalizado de los anfitriones al himno patrio? Leer mas »
La majestuosa y multicultural Roma, otrora “ciudad eterna” del Imperio, agitada por la presencia de los gladiadores Messi, Cristiano Ronaldo y demás hidalgos escuderos, acaparó la atención de un exaltado planeta redondo. El memorable 27 de mayo de 2009, un grupo de devotos peregrinos del balompié, emocionados por la artística devolución de los líricos del toque -comandados por el literato de la oda Xavi y por el inspirado sonetista Iniesta-, contempló atónito en el Coliseo del Olímpico una revolución sin armas. El culpable de tanto encanto se llamó FC Barcelona. Conmovidos, los ilustrados lectores del cuero y la gambeta, hechizados por las rimas de los atrevidos autores del Camp Nou, emularon la gesta blaugrana con el aura del épico poeta andaluz Gustavo Adolfo Bécquer. O lo que es lo mismo: el reino de la cultura de la pelota celebró con vítores el retorno del fútbol romántico al poder. Entonces, el sublime desagravio de los soldados condales expuso los ruines dogmas de la tiranía del resultado a cualquier precio. Irradiados por la sustancia del húngaro Ladislao Kubala, mítico francotirador de Les Corts en los cincuenta, los valientes y artesanales futbolistas del Barça enamoraron a las coquetas novias del deporte rey; aplicando el decálogo de seducción elaborado por el amante Joseph Guardiola, los adonis del triplete rindieron merecido tributo al legado de Cartas literarias a una mujer, obra hija del ingenio y la sensibilidad de la inmortal pluma becqueriana. Leer mas »