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	<title>La cultura de la pelota</title>
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	<description>El fútbol que no miramos</description>
	<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 01:10:41 +0000</pubDate>
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		<title>Último tango en el Monumental</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 01:09:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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Consumado el previsible descenso del glorioso River Plate a la B Nacional, el arrabal de la amargura colectiva decoró la desolada escenografía del Monumental. Desbordados por la diabólica partitura del desconsuelo, los genuinos hinchas del Millo asistieron incrédulos al funeral futbolero que sepultó ciento diez años de opulenta estadía en Primera. Atrás quedó la devastadora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><br />
Consumado el previsible descenso del glorioso River Plate a la B Nacional, el arrabal de la amargura colectiva decoró la desolada escenografía del Monumental. Desbordados por la diabólica partitura del desconsuelo, los genuinos hinchas del Millo asistieron incrédulos al funeral futbolero que sepultó ciento diez años de opulenta estadía en Primera. Atrás quedó la devastadora gestión presidencialista de José María Aguilar y sus secuaces, quienes vaciaron las arcas de River y subastaron al mejor postor hasta su identidad. Y, en menor medida, el autoritarismo de Daniel Passarella, cuyo personalismo conductivo aisló al club y lo dejó a merced de los vengativos buitres del entorno político. O de la calle Viamonte, que es lo mismo. Párrafo aparte para su sentencia de tiempo cumplido al calificar el mandato de Julio Humberto Grondona. La dolida feligresía de la Banda Roja criticó la falta de oportunismo de Passarella. No obstante, el sanguíneo gesto fue sincero y valiente. Los principios no obedecen a conveniencia alguna. Caso contrario, se convierten en posturas acomodaticias que cotizan a la baja en los mercados bursátiles de la hipocresía. <span id="more-178"></span>Salvo para un tal José María Aguilar, premiado por Grondona con el codiciado “billete” de un sempiterno cargo en la FIFA. Es que en la Cosa Nostra la fidelidad tiene recompensa…<br />
A River le toca reconstruirse rápidamente; elegido Matías Almeyda para comandar el operativo retorno, es tiempo de aperturas y de ausencia de egos. El torneo de la B Nacional es largo y dificultoso en extremo. Por lo que el Millonario tendrá que adecuarse a la categoría y a un presupuesto inferior. El desafío pasa por volver “ayer” a la elite del fútbol argentino. De todos modos, River tiene que saldar innumerables cuentas pendientes. Passarella declaró que el campeonato económico lo ganaron por goleada. Sin embargo, los atrasos en el pago de las primas de los futbolistas contradicen al presidente. Además, la sombra de la convocatoria de acreedores sobrevuela por Figueroa Alcorta y Udaondo. A más de un año y medio de haber asumido, ¿por qué Passarella no dio a conocer ¡todavía! los resultados de la auditoría de la gestión Aguilar? No será, como aseguran algunos exdirigentes desde el llano, que la dilación es una estrategia para proteger a un grupo de colaboradores cercanos al otrora gran capitán. Y, aún pateando el tablero de la transparencia, la tardía respuesta y &#8220;conveniente&#8221; denuncia a José María Aguilar le quitará seriedad a una promesa proselitista no a la administración fraudulenta. Dentro de ese preocupante contexto, habrá que rearmar el equipo y recuperarlo del duro golpe anímico que significó perder la categoría. Y, para seguridad de los empleados y socios del club, combatir a los violentos sin temor. Es verdad que Passarella siempre lo hizo. Sólo que esta vez tendrá que redoblar esfuerzos. Los actos vandálicos post descenso no pueden volver a ocurrir. Tanto como las amenazas -en connivencia con un oscuro dirigente oficialista- proferidas por la barra brava al árbitro Sergio Pezotta y sus asistentes. Hecho que podría acarrearle al club gravísimas sanciones deportivas y económicas. Sobre todo si a la hora del fallo interviene el supremo magistrado del Poncho, más conocido como Julio Humberto Grondona. Él mismo a quien todos llaman el hombre del Todo Pasa, ancestral admirador de Bernardo Bertolucci. Lo que explica su extremo goce dominguero luego de ver el Último Tango… de Primera en el Monumental.<br />
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<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>El día que Cortázar vio jugar a Messi</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Apr 2011 20:26:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><br />
Sentado en el sillón del paraíso ofrendado a las sensibles plumas de la inmortalidad, Julio Cortázar siente un dejo de repentina nostalgia. Aficionado al boxeo, se sorprende ante el irracional cosquilleo que le provocan las artísticas hazañas de Lionel Andrés Messi. Cerebral, estima que la tormenta afectiva del fútbol será pasajera. Acto seguido, prosigue con la liturgia de la lectura, sanadora de afligidas almas tentadas por la cautivante doncella de la eternidad. Lejos de aplacarse, aquel indómito sentimiento persiste, desafiando insolente a las impasibles agujas del reloj divino. Desencajado, Cortázar sopesa estar infectado por la traicionera patología del &#8220;síndrome del campeón&#8221;. ¿Cómo es posible que un diabólico festejo goleador lo desestabilice? ¿Acaso las alturas no otorgan inmunidad suficiente para combatir los maliciosos efectos de la cultura de la pelota?<span id="more-175"></span> Recuperada la calma, Cortázar imagina el romántico escenario de su novísima narrativa, liberadora de adormecidos sentimientos encarcelados tras las oprobiosas rejas del egoísmo humano. Guiado por el ángel de la creación, fantasea con un inédito relato corto, retando imaginativamente a los desalmados &#8220;Famas&#8221; made in Siglo XXI, perversos impostores de la moralidad al servicio del nefando Club de la Intolerancia. Cínico, el impiadoso equipo de chequera generosa e hipócrita sonrisa tiene la innoble misión de sojuzgar a los Cronopios de la era 2.0. No obstante, una extraña sensación incomoda a Cortázar; aturdido por el misterio de sus crecientes palpitaciones conforme el surrealista fútbol de Messi relata la saga de los &#8220;10&#8243; magníficos sonetos del Gol, el mirífico autor de Rayuela toma una decisión capital. Resuelto, pide una cita a solas con Dios.<br />
El célico encuentro, acaecido en el benemérito Salón de las Celebridades Literarias, permite el catártico desahogo de Cortázar. Exhibidos los argumentos al Creador, el hombre de las letras ruega por una terrenal licencia, concedida previa condición sine qua non. Descendido al edén del fútbol, la ecléctica Barcelona recibe al ilustre viajero. Tras un fugaz paso por su adorada París (¡el humo de la librería Gallimard puede dar fe de ello!), Cortázar descifra in situ las razones de aquel extraño síntoma. Instalado en el palco del Barça, redescubre el heroico goce de la épica en los estéticos versos del once de Guardiola. Transcurridos cuarenta minutos del complemento, el arquitecto Xavi -genuino heredero del ADN de Gaudí- habilita geométricamente a Messi. Pícaro, el maquetista Lionel supera en carrera a un hostil centinela enemigo. A continuación, su impresionista pincel zurdo dibuja una trilogía de gambetas en el sagrado lienzo del Camp Nou. Avistado el portero, el excelso paisajista de la definición cucharea la pelota por sobre la perpleja anatomía del &#8220;1&#8243;. Conmovido, Cortázar salta de su asiento entonando el unánime alarido del ¡gol… de Lionel Messi!, el retratista de la Sagrada Familia del Fútbol. Sellado el triunfo blaugrana, sólo resta cumplir el superior pedido. Cara a cara con el futbolista, un animado Cortázar suelta visceralmente su más sentida prosa poética: &#8220;¡Leo, Dios me pidió tu camiseta! ¿Me la podés firmar? &#8220;.<br />
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<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>Emanuel Ginóbili, el MVP made in Bahía Blanca</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Mar 2011 00:59:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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Cuando Manu Ginóbili se bajó del Mundial de Básket de Turquía 2010, los apologistas de la argentinidad lanzaron sus venenosos dardos dialécticos señalando inquisidoramente la falta de compromiso celeste y blanco del colosal “20” de los Spurs. Desde ya, ni sus compañeros de la Generación Dorada ni Sergio Hernández cayeron en la infame trampa tendida [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><br />
Cuando Manu Ginóbili se bajó del Mundial de Básket de Turquía 2010, los apologistas de la argentinidad lanzaron sus venenosos dardos dialécticos señalando inquisidoramente la falta de compromiso celeste y blanco del colosal “20” de los Spurs. Desde ya, ni sus compañeros de la Generación Dorada ni Sergio Hernández cayeron en la infame trampa tendida por el desmemoriado club de los patriotas, radicales chauvinistas que ocultan mezquinos intereses económicos a nombre del sagrado himno nacional. Abstraído de aquella toxicidad verbal, Ginóbili se refugió en su “doble” rol de padre primerizo (el nacimiento de Dante y de Nicola fue como recibir dos nuevos anillos… de incomparable ¡felicidad!) y en un entrenamiento a conciencia que le permitiese volver a disputar una final de NBA y despedirse a lo grande de la Selección en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. ¿Inesperadamente?, el sacrificio de Manu tuvo inmediata recompensa; los Spurs dominan ampliamente las estadísticas de la temporada regular con un Ginóbili intratable y los coachs de la liga lo votaron masivamente para que fuera parte del All Star Game 2011. Avalado por el reconocimiento de la cátedra “naranja”, la glamorosa Los Ángeles recibió la bahiense humildad del mejor basquetbolista argentino de la historia (¡es hora de decirlo con todas las letras!), ajeno a tanta luminaria hoolywodense presente en el mítico Staples Center angelino.<span id="more-162"></span> No obstante, la segunda incursión de Manu en un Juego de las Estrellas -la ceremonia bautismal fue en Denver 2005- resultó un merecido premio para la inmaculada carrera del zurdo de oro.<br />
Greg Popovich admira profundamente a Manu; el coach de los Spurs lo considera el jugador más competitivo que jamás ha dirigido. Lejos de ruborizarse, afirma convencido que la trilogía de anillos en la década del dos mil (2003, 2005 y 2007) no hubiese sido posible sin el aporte de Ginóbili en cancha. El entrenador destaca su mentalidad, su inteligencia para leer el juego y su ingobernable gen ganador. Manu odia perder. Y eso lo convierte en un jugador único. Concentrado al máximo, sus registros se optimizan conforme las necesidades del equipo. Siempre privilegia lo colectivo a lo personal. Si los Spurs dominan al rival a placer, difícilmente Manu presente una planilla marcada en rojo en el rubro máximo goleador del match. Al bahiense no lo incomoda la falta de protagonismo ni la ausencia en la portada de los periódicos de San Antonio. Él sabe que cumple un rol determinante en la franquicia; titular indiscutible, Popovich le firmó un cheque en blanco sólo al alcance de los elegidos: ¡la venia para cerrar los partidos de trámite parejo! Entonces, el gladiador Ginóbili lucha estoicamente contra gigantes intimidantes y un reloj tan letal como el mismísimo Kobe Bryant. Más allá de un fallo o un acierto puntual, emociona el coraje en envase chico de Manu, competente a la hora de dar la cara (¡y el corazón!) por los colores de los Spurs. Premiando su linaje, “Pop” le regaló el mimo de dar una charla técnica a sus compañeros en medio de una pretemporada. Es que el discípulo Ginóbili no tiene techo. El regreso a la Selección Argentina está marcado a fuego en el calendario afectivo de Manu: Campeonato FIBA-Américas de Mayores (clasificatorio para los Juegos Olímpicos de Londres 2012), a disputarse en Mar del Plata entre el 30 de agosto y el 11 de setiembre de 2011. Allí se reencontrará con sus “viejos” amigos Scola, Delfino y Nocioni. Y con el nuevo coach del equipo: Julio Lamas. También volverá a sentir en carne propia la estremecedora ovación de su público. Ese que lo hizo ídolo a la distancia. El mismo que celebra los éxitos de los Spurs como propios. Todo por culpa de un tal Manu Ginóbili, el MVP made in Bahía Blanca.<br />
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<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>LOS 7 PECADOS CAPITALES DE MOURINHO</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Feb 2011 21:11:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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<p><span style="font-family: Calibri;"></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><br />
Atormentada por los sucesivos títulos del Barça (¡ocho sobre diez posibles!), la dirigencia del Madrid vendió su alma a un arrogante diablo portugués llamado José Mourinho. Dueño de un inmaculado currículum, “Mou” arribó a la Casa Blanca como el redentor del madridismo, desquiciado por la excelencia y las repetidas vueltas olímpicas del histórico team de Pep Guardiola. Provocador por naturaleza, el matrimonio Madrid-Mourinho generó desconfianza en el mesurado comité merengue del sentido común, sabedor tanto de la procacidad verbal como del incontrolable carácter de The Special One. No obstante, obnubilado por el imposible de echar al Barcelona de la Champions… y de la final del 22-M en Madrid, Florentino apostó buena parte de su renovado crédito político en el Salvador Mourinho. Recorrida media temporada, los presagios de un divorcio anunciado pagan pocos euros en el mercado de la Castellana. Devaluado en juego y salpicado por el inflacionario ego de su míster, el Madrid cotiza en baja en la Bolsa de los Estamentos del Fútbol Español, harto de la inconcebible insolencia oral del mediático operador bursátil del Bernabéu. <span id="more-157"></span>Estratégico, Mourinho intenta victimizarse para menguar la estrepitosa caída de sus indecorosas “acciones”, no asumiendo los 7 pecados capitales de su gestión:<br />
1) Mourinho no entiende de jerarquías ni de instituciones; él asume per se que es un Primer Ministro con plenos poderes. O, lo que es lo mismo: un entrenador-manager. Siguiendo esa línea de pensamiento, el Real Madrid debe rendir pleitesía hacia su figura y cumplir sus directrices a rajatabla. ¡Soberbia!; 2) Mourinho no está acostumbrado a recibir por respuesta un NO. Si él pide un “9”, el hombre gol tiene que aterrizar en Barajas ayer; si “aconseja” la renovación de un discípulo (Pepe), la demora de la Junta es interpretada como una falta de apoyo o directamente como un intento desestabilizador hacia su cargo. ¡Gula!; 3) Mourinho coquetea con la veleidosa dama del éxito, seduciendo -sin importarle el detalle de tener contrato en vigor con una disciplina de la alcurnia del Real Madrid- a los grandes clubes-pretendientes europeos con su carismática y apolínea silueta de campeón. ¡Lujuria!; 4) Mourinho asume naturalmente el papel de consentido de la película “Yo, el ombligo del mundo”. Entonces, ternado para el Óscar en el rubro Venerado Amor a la Patria, presionó a la dirigencia del Madrid para que le permita a dirigir un puñado de partidos con la Selección de Portugal. Razonablemente vetado por Florentino, los fuegos artificiales todavía retumban en las salas de Chamartín. ¡Avaricia!; 5) Mourinho carece de pública autocrítica. Desafiante, la culpa por un inesperado pinchazo inexorablemente es de la Federación, del colegiado de turno… o de su víctima predilecta: ¡Karim Benzema! Desde ya, la pizarra del coach portugués siempre es infalible. ¿Y si en lugar de confrontar y dividir “Mou” se dedica a redoblar esfuerzos para intentar destronar al poético once del Barcelona? ¡Pereza!; 6) Mourinho lanza sus venenosos dardos dialécticos apuntando a las mismas entrañas del Camp Nou. ¿Envidioso?, intenta minimizar el fútbol-arte blaugrana aludiendo a la ancestral cultura teatral de Cataluña. Desviando el eje, acusa solapadamente a Messi y compañía de impostores. La retórica de improperios, lejos de fijar residencia únicamente en Les Corts, no sabe de nombres ni de geografías: Preciado, los colegiados, Benzema, el mismo Valdano… ¡Ira!; 7) Mourinho padece un progresivo cuadro de fobia crónica al FC Barcelona. La patología aumenta conforme el equipo de Guardiola gusta, gana y golea. Si el Madrid no es campeón, da igual. Sólo importa ver de rodillas al gran Barça. ¡Envidia!</p>
<p>El Real Madrid seguramente volverá a festejar en Cibeles. Las hegemonías futboleras no son eternas y, en algún momento, los títulos le harán un guiño a los merengues. Igualmente, durante el ¿inexplicable? período de transición, el club debería evitar actitudes lindantes con la falta de caballerosidad y la mala educación. La historia del Madrid es muy grande. Basta con mirar la estela de Santiago Bernabéu y el inimitable Don Alfredo Di Stéfano.<br />
</span></p>
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<p> </p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>Nunca pensé encontrarme con el Diablo</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Feb 2011 21:07:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><br />
La inconfudible voz de Charly García, irreverente poeta de los escenarios del rock nacional, exterioriza un indisimulado sentimiento de repudio hacia los militares genocidas que sojuzgaron al país durante ocho interminables años de represión y dictadura. Entonces, la osadía del cantante de Sui Géneris se traduce en un himno que califica por sí solo a los ilegales gobernantes de Argentina: “¡Nunca pensé encontrarme con el diablo, tan vivo y sano como vos y yo; tenía la risa que le dan los años, y la confianza que le da el temor!”. Genio precoz, Charly nunca desafina al interpretar la partitura del ciudadano del rock, representado cabalmente por las letras del sensible autor. Instruido en las militantes y cómplices aulas del Dámaso Centeno, Charly gambetea el vesánico mensaje del club del uniforme con idéntica astucia que Ricardo Bochini, eximio solista a tiempo completo del mítico Cilindro de Avellaneda. Rebelde por naturaleza, el músico compuso aquellas rimas tras una “invitación” del mismísimo presidente de facto Viola a la Casa de Gobierno (Charly asistió escoltado por sus colegas David Lebón y Luis Alberto Spinetta), preocupado por el tenor de un puñado de incómodas estrofas, indescifrables para el limitado intelecto del nefasto interlocutor.<span id="more-152"></span> Lejos de acobardarse por el desagradable suceso, Charly y Sui Géneris doblaron la apuesta goleadora, incorporando a su memorable hit un remate al ángulo… de la hipocresía: “¡Nunca pensé encontrarme con el jefe, en su oficina de tan buen humor; pidiéndome que diga lo que pienso, qué pienso yo de nuestra situación”! Parafraseano al inimitable artista del bigote bicolor, la feligresía de un rojo en horas críticas ¡nunca pensó encontrarse con el Diablo… en el Libertadores gritando campeón! Es que el Rey de Copas recuperó la alcurnia; la vuelta olímpica en la Sudamericana reconcilió a varias generaciones de escépticos, hartos del desteñido relato de añejas hazañas coperas protagonizadas por Santoro, Pavoni, Magán, Bochini, Burruchaga, Bertoni y demás glorias de Alsina y Cordero. ¡Sí, en verdad emocionó ver a los veinteañeros (y no tanto) hinchas de Independiente llorar de felicidad en la angustiante definición por penales ante el atrevido y humilde Goiás! Inolvidable, aquel 8 de diciembre de 2010 quedará grabado a fuego en las retinas y los corazones made in CAI. Desatada la locura colectiva del incontenible festejo, los nuevos ídolos ofrendaron el trofeo mayor a su gente. Encabezados por Hilario Navarro, Matheu, Tuzzio y Silvera -ausente por suspensión en la final-, líderes con galones de la tropa de Mohamed, Independiente volvió a sentirse dueño de América por un rato. Y no está mal. Nobleza obliga, el título no debe tapar los infinitos oscuros en la gestión de Julio Comparada, incompetente para blindar de jerarquía al plantel, incoherente en la elección y/o cese de sus gerentes futboleros (nunca se entendió la no renovación de Gallego, el corto romance Menotti-Garnero, la demora en la conclusión del estadio, y un sinfín de decisiones erróneas en la política de refuerzos), y autor intelectual de un incomprensible ninguneo al ídolo máximo de la casa: Ricardo Enrique Bochini. Amén de la toma de posiciones, la marea roja cerró el 2010 pletórica, convencida de las bondades del gurú Antonio Mohamed, esperanzada en la cantera e ilusionada con la llegada de las luminarias prometidas. Entre tanto, Charly sube el telón de la libertad y renace de sus propias cenizas. El mito está más vivo que nunca. Say no more. ¡Feliz 2011!<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>BARÇA, PARADIGMA DEL FÚTBOL 2.0</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Dec 2010 18:33:24 +0000</pubDate>
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Iker Casillas, excitado por los cantos de sirena de un invicto que disimulaba flaquezas colectivas y obligados ajustes en períodos de formación, cometió el pecado capital de catalogar al FC Barcelona como una moda. Al poco tiempo, el once de gala de Guardiola respondió al osado portero con cinco poéticos goles en las verdes tablas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><br />
Iker Casillas, excitado por los cantos de sirena de un invicto que disimulaba flaquezas colectivas y obligados ajustes en períodos de formación, cometió el pecado capital de catalogar al FC Barcelona como una moda. Al poco tiempo, el once de gala de Guardiola respondió al osado portero con cinco poéticos goles en las verdes tablas del teatro-coliseo del Camp Nou. Aturdido por los éxitos color blaugrana -dos años y medio de “irritante” hegemonía futbolera-, el madridismo apeló (y apela) a una sistemática procacidad verbal cuya solapada intención apunta a desestabilizar al sublime equipo catalán. El innoble cometido no mezquina euros, convenientes guiños al militante Quinto Poder capitalino ni la complicidad de rentados nombres ilustres. La saga de improperios arranca en Mr. Mourinho, continúa con el aval de los inescrupulosos apólogos de la prensa partidaria y finaliza con la altivez dialéctica del mejor discípulo de The Special One: Cristiano Ronaldo. Afortunadamente, Florentino y Valdano hacen público alarde de una plausible caballerosidad, menguando la patética imagen ofrecida por su estelar dueto mediático. Igualmente, la civilidad de los altos mandos del Bernabéu esconde las secuelas de un angustiante ataque de pánico, agravado por la extensa sequía blanca y los repetidos festejos en Canaletas.<span id="more-143"></span><br />
Sacando petróleo de la crisis de identidad del club de Chamartín, irrumpió en la élite del fútbol La Sagrada Familia… del Barça. La obra cumbre de la modernidad, ideada por el exquisito urbanista Pep Guardiola y ejecutada magistralmente por los tridimensionales arquitectos Xavi, Messi e Iniesta, obnubiló al multicultural auditorio de la pelota. Agradecidos, los mendigos del tiqui-taca solazaron su desolada alma con la histórica exhibición de la orquesta culé, guardando en su memoria emotiva la inmortal fecha de la ofrenda: 29-N. El insultante resultado en el marcador (5-0) premió a un equipo modélico, defensor a ultranza de una ancestral escuela, capitaneada por los ideólogos Rinus Michels y Johan Cruyff y apuntalada por un orgullo que trasciende rivalidades políticas y escrutinios temporales: La Masía. Graduados en las “verdes” aulas de la residencia payesa, los maestros no tardaron en dejar su huella; Oriol Tort, Charles Rexach y demás pedagogos canteranos educaron en la religión del pase a un compañero a cientos de miles de soñadores, ávidos por pertenecer a la marca registrada de la excelencia: el FC Barcelona. Sin lugar a dudas, el magnífico legado del Can Barça trascendió las generaciones, explotando en la era del fútbol 2.0. Paradigmático, el innovador team de Cataluña, eficaz constructor edilicio de la estética, proyecta con inimitable ingenio la geométrica maqueta del campeón. Todo sea para homenajear al gran Antoni Gaudí.<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>La postrera volcada del “Gigante” González</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Nov 2010 15:06:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Derrotado en tiempo extra por el dream team de la parca, la exuberante osamenta del pívot Jorge González descansa en paz; fugaz amo y señor de la pintura, la canasta de la agonía doblegó -¡sobre la chicharra!- al indómito campeón de El Colorado. Condenado al escarnio de la pobreza, el formoseño extrajo petróleo “naranja” de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">Derrotado en tiempo extra por el dream team de la parca, la exuberante osamenta del pívot Jorge González descansa en paz; fugaz amo y señor de la pintura, la canasta de la agonía doblegó -¡sobre la chicharra!- al indómito campeón de El Colorado. Condenado al escarnio de la pobreza, el formoseño extrajo petróleo “naranja” de sus  doscientos treinta centímetros. Educado por el visionario León Najnudel (¡cuánto se extraña tu pedagogía, Ruso!), el Gigante debutó en la Liga con el escudo de Gimnasia y Esgrima La Plata. Agobiado por la diabetes, el sobrepeso y un despido de los Atlanta Hawks, González cambió el aro por la “verde” tentación de la lucha libre. Consumada la ceremonia del adiós, el paraíso del baloncesto propició el célico reencuentro; ofuscado por un fallido pick and roll, Najnudel regaña al Gigante: ¡La próxima que sea una volcada, Jorge! O un triple a la vida, León.
</p>
<p></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>El Moulin Rouge de la calle Viamonte… función “Diez”</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Sep 2010 18:41:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[ El despótico y perpetuo mandato de Julio Humberto Grondona al frente de la AFA (31 años de una nefasta gestión personalista), avalado por interesados guiños del poder político de turno y dirigentes que vendieron su honradez a cambio de pasajes en primera clase, hoteles cinco estrellas y rescates económicos para oxigenar las arcas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"> El despótico y perpetuo mandato de Julio Humberto Grondona al frente de la AFA (31 años de una nefasta gestión personalista), avalado por interesados guiños del poder político de turno y dirigentes que vendieron su honradez a cambio de pasajes en primera clase, hoteles cinco estrellas y rescates económicos para oxigenar las arcas de sus endeudados clubes, destituido Maradona como DT por el padrino Don Julio, incluyó el pernicioso destape de las “redondas” miserias que supimos conseguir, habilitando un papel protagónico al elenco estable del decadente cabaret celeste y blanco. La procacidad verbal de los actores involucrados emuló a los patéticos guionistas de Show Match (¿quién está más enfermo, Tinelli y sus productores o el público que consume masivamente sus envíos?), exhibiendo un repudiable arsenal de acusaciones, escándalos y amenazas. Diego acusó de traidor a Bilardo y de mentiroso a Grondona; exaltado por el rotundo calificativo del cesante entrenador, Bilardo contraatacó y propuso organizar una catártica conferencia para contar toda “su” verdad. Horas más tarde, Grondona obligó al Doctor a cancelar su ¿explosiva? rueda de prensa. Entre tanto disparate, apareció en escena el proscrito ayudante Oscar Ruggeri, enemigo íntimo del padrino Don Julio. Sin ánimo de apagar las luces del salón Nacional, el Cabezón confesó que Grondona lo había amenazado -a través de Maradona- con pegarle un tiro en las piernas. ¡Y Grondona lo confirmó!&#8230; minimizando la denuncia conforme la agresiva dialéctica del temperamental personaje. La cultura del todo siga en su máxima expresión. ¡Vergonzoso!</span></span><span id="more-131"></span><br />
<span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"> El decadente espectáculo de varietés incluyó una actuación made in Dublin del redentor Carlos Tévez, osado jugador del pueblo que expuso mediáticamente la hipocresía del presidente Julio Grondona, graduado con honores en la Universidad de “La Plata” con el ignominioso título de Licenciado en deshonrar la palabra y violar los contratos. Es que el ¡fútbol es para todos!&#8230; </span></span><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">pero las cuantiosas regalías del negocio -imperativa del padrino Don Julio mediante- hacen obligada escala técnica en Sarandí. Siempre a la espera del posterior anonimato bancario en la glamorosa metrópoli de Zúrich. ¿Cómo terminó el affaire Tévez? En la nada. Julio Grondona aplicó un correctivo verbal al atrevido futbolista, presuroso por retractarse y admitir que él era como un hijo para el hombre fuerte de la AFA y la FIFA. Extinguidas las llamas del caso Sir Charles, la saga agraviante de los bandos enfrentados amaga con interminables bises. Redoblando la apuesta y lejos de bajar los cortinados de la insensatez, el apuntado Mancuso reveló que el cuerpo técnico saliente tiene grabaciones inéditas con Carlos Bilardo integrado activamente a la tropa maradoniana en Sudáfrica. A propósito, qué triste el papel de Bilardo en el indefinido cargo de Director de Selecciones Nacionales. Cuestionado el ex DT por variados estamentos, los apologistas del Doctor alardean con el exiguo trofeo de la concentración en Pretoria. La inexplicable alabanza califica por sí sola su gestión. Estratega con medalla de honor en las últimas y lejanas dos finales mundialistas de la Selección, Bilardo rifó su prestigio por la verde tentación del mefistofélico padrino Don Julio. Más que mostrarse angustiado por los daños colaterales de una imputación por deslealtad, el Doctor debería preguntarse cuándo perdió la credibilidad que supo tener y porqué se convirtió en el hazmerreír de la fauna mediática nacional. ¿O será que el rol de bufón de Grondona beneficia con creces la economía de Carlos Bilardo?<br />
Y Maradona, ¿qué grado de responsabilidad tuvo en la eliminación y el postrero papelón de cruces verbales en continuado? Alto. Diego fue un conductor al que le faltaron horas de vuelo suficientes. De ahí las turbulencias tácticas del once que presentó en Sudáfrica. Disimuladas por la contundencia de Tévez e Higuaín ante el inexpresivo México, el antagónico germano expuso el déficit colectivo de una Selección remolcada por individualidades explosivas y confusa en materia identitaria. Por lo que el avión de la ilusión patria por el anhelado tricampeonato se estrelló en la irresistible geografía de Ciudad del Cabo. Ansioso por convertirse en DT de la Selección, Diego plebiscitó su inmaculada Corona y enarboló la añeja teoría del amor a la camiseta, emblema madre de su generación. Convencido, presentó su tesis “jugadorista” para doctorarse como entrenador de elite en dominios del heroico Nelson Mandela. Lamentablemente, los 23 leones en los que tanto confió -mayoritariamente- lo defraudaron. Es que las nuevas camadas de futbolistas no entienden las derrotas como sinonimia de tragedia. Lo que no está mal como regla. Ahora bien, una cosa es no tomar el fútbol como una cuestión de vida o muerte y otra muy distinta no comprometerse con la causa o acostumbrarse a perder sin mostrar signos de rebeldía. O lo que es peor: reclamar trato de divos y desafinar sistemáticamente en las cuatrienales galas mundialistas. Además, depuesto Maradona del cargo por el padrino Don Julio, sólo Tévez y Palermo (hasta Agüero mostró cierta tibieza discursiva) presentaron públicamente un encendido alegato por su faena. El resto de los jugadores -inclusive los más protegidos por el entrenador- ofreció la venenosa ingratitud de una llamativa frialdad o un lacerante silencio que todo lo dice. ¿A Diego lo traicionó solamente Bilardo?<br />
Desde lo conceptual, el ¿interinato? del Checho Batista seduce. Alejado de priorizar los postulados tácticos por convicción propia, la oratoria del entrenador rescata a la España de Del Bosque como paradigma de la estética no exenta de eficacia. Lo que resulta saludable para los ojos del escéptico hincha. Igualmente, si se confirma en el cargo de DT a Batista (¡Grondona tiene la última palabra!&#8230; para variar), suena a incompatible su pacífica convivencia con el refrendado Primer Ministro Carlos Bilardo, ideológicamente posicionado en las antípodas futboleras del candidato de Messi. El tiempo será testigo. Bajada de cartelera la función “Diez”, el Moulin Rouge de la calle Viamonte se tomó un respiro. Impávidos, esperamos nuevas y melodramáticas audiciones de los impresentables protagonistas. Mientras tanto, el fútbol argentino se sigue desangrando por obra y gracia del autoritario y vitalicio gobierno del padrino Don Julio. ¿No habrá llegado -¡por fin!- la hora de la refundación?<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>Martín Palermo sublima al séptimo arte</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 15:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La omnipresente prensa futbolera madrileña, retornado el mecenas Florentino Pérez a los dominios de Chamartín en el verano del 2009, pronosticó -a tono con la grandilocuencia del caso- una inigualable superproducción cinematográfica blanca, dominada por luminarias tales como Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema y demás actores principales de la pelota. Avalada por la irresistible chequera del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">La omnipresente prensa futbolera madrileña, retornado el mecenas Florentino Pérez a los dominios de Chamartín en el verano del 2009, pronosticó -a tono con la grandilocuencia del caso- una inigualable superproducción cinematográfica blanca, dominada por luminarias tales como Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema y demás actores principales de la pelota. Avalada por la irresistible chequera del productor-magnate de la construcción, la prometedora película del Real Madrid apuntaba a batir todos los récords de taquillas en el célebre auditorio del Bernabéu. Para decepción de la cinéfila feligresía merengue, despedida por el insensible calendario la temporada 2009/2010, los endiosados intérpretes del guión de la vuelta olímpica protagonizaron el triste papel de villanos. Despojados de la gloria doméstica por un celestial FC Barcelona, paladín de la estética que enamoró a la multicultural parroquia del caño con el exquisito montaje de la toma del gol y la mirífica simetría de la fotografía del alirón, el filme de la Casa Blanca fue el hazmerreir de la impiadosa crítica capitalina, presurosa por condenar a cadena perpetua al fallido realizador chileno Manuel Pellegrini. Y de buscar en el director-vengador José Mourinho el antídoto infalible que permita romper la hegemonía blaugrana, premiada por el jurado del balón (célebre triunvirato que desprecia la Jabulani) con el memorable Óscar de las Siete Coronas.<span id="more-128"></span><br />
Entre tanto, un novel e ignoto actor de reparto que regularmente expresa su histrionismo azul y amarillo en el Teatro de la Ribera -santuario cultural de la República de La Boca decorado con ocho murales del prolífico artista Benito Quinquela Martín-, consumada la enésima ronda “Mundial” de café y tratado el fiasco Madrid en el marco de un redondo coloquio entre pares, sorprende a sus interlocutores con una sentencia made in Maradona: ¿saben cuál fue el gran yerro de Florentino Pérez? No haber incluido en su rodaje al prodigioso y heterodoxo orfebre de la definición xeneize… ¡Martín Palermo! Sí, quien otro sino. Y tal vez no le falte razón al aprendiz de comediante. Es que la vida del Titán es de película; limitado por la madre naturaleza y un exuberante físico amigo de torpezas varias, Palermo escribió con letras de oro el argumento del goleador bicentenario en la industria del cine nacional. Angustiado por la desventura de un par de roturas ligamentosas en la rodilla derecha, el inaudito desprendimiento de un muro de la tribuna del estadio el Madrigal de Villarreal sobre su amarilla osamenta de matador, hecho que le produjo una doble fractura de tibia y peroné, la irreparable pérdida de su hijo Stefano, ocurrida a pocos días de su natalicio, y un sinfín de contratiempos que bien ameritan el eje de una novela surrealista, Martín desafió al nefando destino con agallas de campeón y la firme voluntad de luchar por su carrera hasta el silbato final. Fiel heredero del espíritu sindicalista y combativo de su progenitor Carlos (empleado que batalló férreamente contra la privatización del Astillero Río Santiago, ubicado en la localidad bonaerense de Ensenada), el hacedor de milagros se doctoró con un “9” en la Universidad de La Boca, presentando la novedosa tesis del sempiterno retorno con gloria en las salas del fútbol. Es que el taumaturgo Palermo siempre renace de sus cenizas; olvidado por entrenadores de alcurnia como Daniel Passarella, Marcelo Bielsa y Alfio Basile, la ilusión Mundial sonaba a entelequia para el Titán, opacando el admirable currículum del monarca sudamericano del festejo. Nublado el cielo celeste y blanco, el pronóstico del magisterio -extendido al hidalgo comité de la tribuna- lo excluyó sistemáticamente del dorado sueño de integrar la lista cuatrienal de los “23” futbolistas del pueblo. Sólo la particular irrupción de Diego Armando Maradona en el cargo de DT de la Selección hizo justicia poética con los versos-gritos del autor de ¡Palermo Holly…gol! Entonces, desafiando aquellos fatalistas augurios y las persistentes bromas de sus detractores -en plena retirada conforme se multiplican los guarismos anotadores del artillero platense de ¡36 años!-, Sudáfrica 2010 cobijó la noble fantasía del Titán, afín a proyectar la épica cinta del adiós en una gala mundialista.<br />
Alborotada por el estreno de Martín Palermo ante Grecia, la hinchada ovacionó como nunca al propietario de la camiseta “18”; la enésima apilada de Lionel Messi al antagonista heleno apuró el “divino” desenlace. Rechazado a medias por el arquero el misil del rosarino, Palermo ofrendó a los asistentes su opera prima goleadora en la pantalla-césped del Polokwane. La chapa victoriosa del marcador final poco importó a la grey criolla. Desatada la locura colectiva por la ansiada conquista del Titán, el compositor de la felicidad ciudadana ingresó -¡definitivamente!- en la historia grande del fútbol argentino. Aquel conmovedor primer plano celebrando su proeza Nacional no será el último alarido del singular futbolista; al libreto de su novelesca vida aún le queda el epílogo de un puñado de epopeyas. Extinguidas las llamas del desencanto mundialista en dominios de Mandela -chapeau al eximio filme del director germano-, Martín ensaya el personaje de la gloriosa despedida. Por noventa minutos -¡más!- de sublime actuación en la interminable saga de Palermo, el Rey de la Bombonera, el séptimo arte gambetea su universal identidad autorizando el unánime y popular convite del rebautizo. De ahora en adelante, la cofradía cinéfila tiene un nuevo y orgulloso mote: “noveno” arte… del gol. Todo sea para homenajear al predestinado hijo de Carlos Palermo.<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>El Salmón se confiesa ante D10S</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 18:07:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">La apacible primavera madrileña ejerce de competente musa para el histriónico compositor porteño de la Buenos Aires que nunca duerme. Perseguido por los ancestrales duendes del poeta y vocalista Miguel Abuelo, el Salmón apura las sensibles rimas de su novísima creación, esperanzado en renovar -¡una vez más!- el contrato afectivo con el universal auditorio del rock. Agotado tras la prórroga con el temible contrincante llamado inspiración, el músico-jugador concede un merecido descanso al socio teclado, fiable compañero de incontables gestas sobre escenarios continentales. Ausente el sonido en la sala de ensayo y esparcidos por la geografía de Las Rozas sus cómplices colegas de batería, bajo, viola y demás instrumentos sanadores del alma rockera, el Salmón apela a su memoria emotiva, rescatando al joven cantante de la “redonda” partitura dominguera que algún día supo ser. </span></span><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">Entonces, imaginariamente transportado a la venturosa década del 80, el Diablo Rojo del hit evoca -perseguido por la nostalgia del asfalto de Cordero y Alsina- el reconocido gen ganador de Ricardo Bochini, Enzo Trossero, Claudio Marangoni y Jorge Luis Burruchaga, ídolos con galones de la devota cofradía de la Doble Visera. ¡Cómo olvidar el armónico y ensordecedor coro de aliento de la exquisita hinchada de Independiente! </span></span><span id="more-121"></span><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">La marea roja de títulos al por mayor, el mote de Rey de Copas, cimentado en el heroico romanticismo del decenio precedente… y la Selección del 86. ¡Argentina campeón del mundo! Y el rebelde y carismático autor de la patria futbolera, Diego Armando Maradona (mayoritariamente conocido como el vocalista de Fiorito), interpretando en el coliseo Azteca la dulce melodía de su incipiente reinado global con el aclamado bis de la vuelta olímpica.<br />
El insensible celular interrumpe la galería de aquellos imborrables recuerdos; del otro lado de la línea, la reconocida voz de Alejandro Lerner invita a gambetear -momentáneamente- el placentero recorrido de proezas y dulces campeonatos, reto que Calamaro acepta quejoso. Consumida la charla de la formalidad, Andrelo sorprende a su colega con una mística revelación: “Ale, hubo una milagrosa aparición que cambió mi estado de ánimo con relación al Mundial. Presiento que algo grandioso nos espera en Sudáfrica 2010. Y tengo la imperiosa necesidad de confesarme ante D10S”. Incrédulo, Lerner evoca la juvenil y fallida vocación religiosa de Calamaro, rápidamente abortada por infinidad de shows sin días y blondas debilidades pasajeras. A lo que Andrelo, previa carcajada cómplice de aprobación, remata con idéntica pericia que “Mandinga” Percudani al Liverpool en la gala del todo o nada de la Intercontinental 84: “Ale, lo tengo completamente asumido. El infierno me lo he ganado a pulmón; sólo digo -revela sentidamente a su amigo- que el espíritu del arcángel San Messi descendió desde el firmamento celeste… y blanco con el cuero atado a su botín zurdo. Al verme aturdido por la aureola de aquel súbito y bienaventurado elfo, el protector L10NEL -a posteriori de exhibirme un documento rosarino- sanó mi afligida alma futbolera invitándome a reconciliarme con el sacramento confesional. Entonces volví a creer en D10S”.<br />
El peregrino Calamaro, ávido por cumplir la misión encomendada por L10NEL, viaja rumbo a Buenos Aires desafiando el otoñal estreno rioplatense de las bajas temperaturas made in 2010. Empujado por la ilusión de cuarenta millones de compatriotas, desplaza su cansancio a pocos kilómetros de distancia del Ministro Pistarini. La capilla del predio de la AFA en Ezeiza luce radiante; fascinado por el sagrario recinto, el Salmón libera su mente de fantasmas derrotistas y apocalípticas predicciones de precoz eliminación en dominios de Mandela. De repente, una reconocida silueta interrumpe el espiritual y sabroso elixir del esquivo tricampeonato, avanzando hacia el músico amistosamente. Inconfundible por su santificadora barba y el carisma hijo de sus homilías de campeón en los cosmopolitas templos de la pelota, Calamaro festeja su particular reencuentro con D10S. Luego del interminable abrazo entre Diego y Andrés (¡brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso!), el Salmón revela al profeta del fútbol el superior encargo del arcángel San Messi. Devolviendo la bíblica pared al hombre del cáliz y las mujeres que derrochan simpatía, un terrenal Diego Armando Maradona, emocionado como cuando acuna a Benjamín con sus “humanas” manos de abuelo primerizo, entona entre sollozos el estribillo nacional de la esperanza: “¡Vamos, vamos… Argentina. Vamos, vamos, a ganar…!” Sin testigos, Calamaro y su voz hicieron posible por un rato el inmortal dueto. Al despedirse, las lágrimas de ambos próceres tenían los colores de la bandera argentina.<br />
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<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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