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	<title>La cultura de la pelota blog</title>
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	<description>Blog de Sergio A. González Bueno</description>
	<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 15:02:10 +0000</pubDate>
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		<title>Martín Palermo y el séptimo arte</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 15:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La omnipresente prensa futbolera madrileña, retornado el mecenas Florentino Pérez a los dominios de Chamartín en el verano del 2009, pronosticó -a tono con la grandilocuencia del caso- una inigualable superproducción cinematográfica blanca, dominada por luminarias tales como Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema y demás actores principales de la pelota. Avalada por la irresistible chequera del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">La omnipresente prensa futbolera madrileña, retornado el mecenas Florentino Pérez a los dominios de Chamartín en el verano del 2009, pronosticó -a tono con la grandilocuencia del caso- una inigualable superproducción cinematográfica blanca, dominada por luminarias tales como Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema y demás actores principales de la pelota. Avalada por la irresistible chequera del productor-magnate de la construcción, la prometedora película del Real Madrid apuntaba a batir todos los récords de taquillas en el célebre auditorio del Bernabéu. Para decepción de la cinéfila feligresía merengue, despedida por el insensible calendario la temporada 2009/2010, los endiosados intérpretes del guión de la vuelta olímpica protagonizaron el triste papel de villanos. Despojados de la gloria doméstica por un celestial FC Barcelona, paladín de la estética que enamoró a la multicultural parroquia del caño con el exquisito montaje de la toma del gol y la mirífica simetría de la fotografía del alirón, el filme de la Casa Blanca fue el hazmerreir de la impiadosa crítica capitalina, presurosa por condenar a cadena perpetua al fallido realizador chileno Manuel Pellegrini. Y de buscar en el director-vengador José Mourinho el antídoto infalible que permita romper la hegemonía blaugrana, premiada por el jurado del balón (célebre triunvirato que desprecia la Jabulani) con el memorable Óscar de las Siete Coronas.<span id="more-188"></span><br />
Entre tanto, un novel e ignoto actor de reparto que regularmente expresa su histrionismo azul y amarillo en el Teatro de la Ribera -santuario cultural de la República de La Boca decorado con ocho murales del prolífico artista Benito Quinquela Martín-, consumada la enésima ronda “Mundial” de café y tratado el fiasco Madrid en el marco de un redondo coloquio entre pares, sorprende a sus interlocutores con una sentencia made in Maradona: ¿saben cuál fue el gran yerro de Florentino Pérez? No haber incluido en su rodaje al prodigioso y heterodoxo orfebre de la definición xeneize… ¡Martín Palermo! Sí, quien otro sino. Y tal vez no le falte razón al aprendiz de comediante. Es que la vida del Titán es de película; limitado por la madre naturaleza y un exuberante físico amigo de torpezas varias, Palermo escribió con letras de oro el argumento del goleador bicentenario en la industria del cine nacional. Angustiado por la desventura de un par de roturas ligamentosas en la rodilla derecha, el inaudito desprendimiento de un muro de la tribuna del estadio el Madrigal de Villarreal sobre su amarilla osamenta de matador, hecho que le produjo una doble fractura de tibia y peroné, la irreparable pérdida de su hijo Stefano, ocurrida a pocos días de su natalicio, y un sinfín de contratiempos que bien ameritan el eje de una novela surrealista, Martín desafió al nefando destino con agallas de campeón y la firme voluntad de luchar por su carrera hasta el silbato final. Fiel heredero del espíritu sindicalista y combativo de su progenitor Carlos (empleado que batalló férreamente contra la privatización del Astillero Río Santiago, ubicado en la localidad bonaerense de Ensenada), el hacedor de milagros se doctoró con un “9” en la Universidad de La Boca, presentando la novedosa tesis del sempiterno retorno con gloria en las salas del fútbol. Es que el taumaturgo Palermo siempre renace de sus cenizas; olvidado por entrenadores de alcurnia como Daniel Passarella, Marcelo Bielsa y Alfio Basile, la ilusión Mundial sonaba a entelequia para el Titán, opacando el admirable currículum del monarca sudamericano del festejo. Nublado el cielo celeste y blanco, el pronóstico del magisterio -extendido al hidalgo comité de la tribuna- lo excluyó sistemáticamente del dorado sueño de integrar la lista cuatrienal de los “23” futbolistas del pueblo. Sólo la particular irrupción de Diego Armando Maradona en el cargo de DT de la Selección hizo justicia poética con los versos-gritos del autor de ¡Palermo Holly…gol! Entonces, desafiando aquellos fatalistas augurios y las persistentes bromas de sus detractores -en plena retirada conforme se multiplican los guarismos anotadores del artillero platense de ¡36 años!-, Sudáfrica 2010 cobijó la noble fantasía del Titán, afín a proyectar la épica cinta del adiós en una gala mundialista.<br />
Alborotada por el estreno de Martín Palermo ante Grecia, la hinchada ovacionó como nunca al propietario de la camiseta “18”; la enésima apilada de Lionel Messi al antagonista heleno apuró el “divino” desenlace. Rechazado a medias por el arquero el misil del rosarino, Palermo ofrendó a los asistentes su opera prima goleadora en la pantalla-césped del Polokwane. La chapa victoriosa del marcador final poco importó a la grey criolla. Desatada la locura colectiva por la ansiada conquista del Titán, el compositor de la felicidad ciudadana ingresó -¡definitivamente!- en la historia grande del fútbol argentino. Aquel conmovedor primer plano celebrando su proeza Nacional no será el último alarido del singular futbolista; al libreto de su novelesca vida aún le queda el epílogo de un puñado de epopeyas. Extinguidas las llamas del desencanto mundialista en dominios de Mandela -chapeau al eximio filme del director germano-, Martín ensaya el personaje de la gloriosa despedida. Por noventa minutos -¡más!- de sublime actuación en la interminable saga de Palermo, el Rey de la Bombonera, el séptimo arte gambetea su universal identidad autorizando el unánime y popular convite del rebautizo. De ahora en adelante, la cofradía cinéfila tiene un nuevo y orgulloso mote: “noveno” arte… del gol. Todo sea para homenajear al predestinado hijo de Carlos Palermo.<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>El Salmón se confiesa ante D10S</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Apr 2010 18:07:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La apacible primavera madrileña ejerce de competente musa para el histriónico compositor porteño de la Buenos Aires que nunca duerme. Perseguido por los ancestrales duendes del poeta y vocalista Miguel Abuelo, el Salmón apura las sensibles rimas de su novísima creación, esperanzado en renovar -¡una vez más!- el contrato afectivo con el universal auditorio del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">La apacible primavera madrileña ejerce de competente musa para el histriónico compositor porteño de la Buenos Aires que nunca duerme. Perseguido por los ancestrales duendes del poeta y vocalista Miguel Abuelo, el Salmón apura las sensibles rimas de su novísima creación, esperanzado en renovar -¡una vez más!- el contrato afectivo con el universal auditorio del rock. Agotado tras la prórroga con el temible contrincante llamado inspiración, el músico-jugador concede un merecido descanso al socio teclado, fiable compañero de incontables gestas sobre escenarios continentales. Ausente el sonido en la sala de ensayo y esparcidos por la geografía de Las Rozas sus cómplices colegas de batería, bajo, viola y demás instrumentos sanadores del alma rockera, el Salmón apela a su memoria emotiva, rescatando al joven cantante de la “redonda” partitura dominguera que algún día supo ser. </span></span><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">Entonces, imaginariamente transportado a la venturosa década del 80, el Diablo Rojo del hit evoca -perseguido por la nostalgia del asfalto de Cordero y Alsina- el reconocido gen ganador de Ricardo Bochini, Enzo Trossero, Claudio Marangoni y Jorge Luis Burruchaga, ídolos con galones de la devota cofradía de la Doble Visera. ¡Cómo olvidar el armónico y ensordecedor coro de aliento de la exquisita hinchada de Independiente! </span></span><span id="more-183"></span><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">La marea roja de títulos al por mayor, el mote de Rey de Copas, cimentado en el heroico romanticismo del decenio precedente… y la Selección del 86. ¡Argentina campeón del mundo! Y el rebelde y carismático autor de la patria futbolera, Diego Armando Maradona (mayoritariamente conocido como el vocalista de Fiorito), interpretando en el coliseo Azteca la dulce melodía de su incipiente reinado global con el aclamado bis de la vuelta olímpica.<br />
El insensible celular interrumpe la galería de aquellos imborrables recuerdos; del otro lado de la línea, la reconocida voz de Alejandro Lerner invita a gambetear -momentáneamente- el placentero recorrido de proezas y dulces campeonatos, reto que Calamaro acepta quejoso. Consumida la charla de la formalidad, Andrelo sorprende a su colega con una mística revelación: “Ale, hubo una milagrosa aparición que cambió mi estado de ánimo con relación al Mundial. Presiento que algo grandioso nos espera en Sudáfrica 2010. Y tengo la imperiosa necesidad de confesarme ante D10S”. Incrédulo, Lerner evoca la juvenil y fallida vocación religiosa de Calamaro, rápidamente abortada por infinidad de shows sin días y blondas debilidades pasajeras. A lo que Andrelo, previa carcajada cómplice de aprobación, remata con idéntica pericia que “Mandinga” Percudani al Liverpool en la gala del todo o nada de la Intercontinental 84: “Ale, lo tengo completamente asumido. El infierno me lo he ganado a pulmón; sólo digo -revela sentidamente a su amigo- que el espíritu del arcángel San Messi descendió desde el firmamento celeste… y blanco con el cuero atado a su botín zurdo. Al verme aturdido por la aureola de aquel súbito y bienaventurado elfo, el protector L10NEL -a posteriori de exhibirme un documento rosarino- sanó mi afligida alma futbolera invitándome a reconciliarme con el sacramento confesional. Entonces volví a creer en D10S”.<br />
El peregrino Calamaro, ávido por cumplir la misión encomendada por L10NEL, viaja rumbo a Buenos Aires desafiando el otoñal estreno rioplatense de las bajas temperaturas made in 2010. Empujado por la ilusión de cuarenta millones de compatriotas, desplaza su cansancio a pocos kilómetros de distancia del Ministro Pistarini. La capilla del predio de la AFA en Ezeiza luce radiante; fascinado por el sagrario recinto, el Salmón libera su mente de fantasmas derrotistas y apocalípticas predicciones de precoz eliminación en dominios de Mandela. De repente, una reconocida silueta interrumpe el espiritual y sabroso elixir del esquivo tricampeonato, avanzando hacia el músico amistosamente. Inconfundible por su santificadora barba y el carisma hijo de sus homilías de campeón en los cosmopolitas templos de la pelota, Calamaro festeja su particular reencuentro con D10S. Luego del interminable abrazo entre Diego y Andrés (¡brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso!), el Salmón revela al profeta del fútbol el superior encargo del arcángel San Messi. Devolviendo la bíblica pared al hombre del cáliz y las mujeres que derrochan simpatía, un terrenal Diego Armando Maradona, emocionado como cuando acuna a Benjamín con sus “humanas” manos de abuelo primerizo, entona entre sollozos el estribillo nacional de la esperanza: “¡Vamos, vamos… Argentina. Vamos, vamos, a ganar…!” Sin testigos, Calamaro y su voz hicieron posible por un rato el inmortal dueto. Al despedirse, las lágrimas de ambos próceres tenían los colores de la bandera argentina.<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>Sir Apache Charles Tévez de Manchester, el &#8220;Ciudadano del Gol&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 23:35:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[ El tórrido 5 de febrero de 1984 la geografía bonaerense de Ciudadela acunó los primeros y &#8220;redondos&#8221; llantos de Carlos Alberto ¡Martínez! Primogénito del humilde matrimonio formado por Adriana Tévez y Segundo Martínez, el indomable Carlitos creció en las inhóspitas esquinas del temerario barrio Ejercito de los Andes, popularmente conocido como Fuerte Apache. La [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"> El tórrido 5 de febrero de 1984 la geografía bonaerense de Ciudadela acunó los primeros y &#8220;redondos&#8221; llantos de Carlos Alberto ¡Martínez! Primogénito del humilde matrimonio formado por Adriana Tévez y Segundo Martínez, el indomable Carlitos creció en las inhóspitas esquinas del temerario barrio Ejercito de los Andes, popularmente conocido como Fuerte Apache. La posterior llegada de sus tres hermanos, superada la inicial algarabía del natalicio, acentuó los problemas económicos de la apremiada familia Martínez. Gambeteando la cruda realidad del desamparo, Carlitos encontró en el fútbol un dichoso escape a la onerosa cuota de la desolación cotidiana, execrable tributo social dispensado a los indefensos afiliados al infausto club de las carencias. Entonces, seducido por el encanto de los mágicos potreros criollos -formadores de innumerables talentos nacionales de exportación-, el diminuto artista de la pelota dribló astutamente las demoníacas y juveniles tentaciones de la delincuencia y la drogadicción.</span></span><span id="more-177"></span><br />
<span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"> Incorporado a las divisiones infantiles de All Boys -entidad señera del ascenso argentino que cuenta en su palmarés con ¡8 inolvidables participaciones en la categoría superior de la AFA!-, una disputa con el gigante Boca por sus servicios obligó a sus padres a reinscribir al vástago como Carlos Alberto ¡Tévez! </span></span><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">Aquel hábil movimiento legal, sumado al conjunto ejercicio de la patria potestad, destrabó la conflictiva situación contractual con el Albo de Floresta, habilitando el fichaje del codiciado delantero en el club de La Ribera. La ilustre marquesina Xeneize potenció por mil sus mancebas hazañas de futbolista-goleador, coronando su exitoso y breve ¿primer? ciclo boquense con la temprana cosecha de 1 Copa Libertadores, 1 Copa Intercontinental, 1 Torneo Clausura y 1 Copa Sudamericana. Fastidiado por el maltrato de cierta prensa amarillista local y herido por las esquirlas de un impensado cortocircuito con la dirigencia Azul y Oro, Tévez emigró al Corinthians de San Pablo cuando el año 2005 estaba gateando. Exiliado en el once del Timao, un Carlinhos recargado y con dinamita extra en sus botines deleitó a los torcedores paulistas con una temporada de ensueño, rematada con la obtención del Torneo Brasileirao y un envidiable guarismo anotador: ¡37 partidos oficiales disputados y 25 goles convertidos!<br />
La firma MSI (Media Sports Investment) del magnate iraní Kia Joorabchian, dueña de sus derechos federativos por aquellos tiempos, acordó su arribo a préstamo al West Ham United. Superado el natural período de aclimatación londinense y cerrado el mutuo conocimiento con sus pares del verde césped, Super Carlitos asumió el papel de héroe en el spring final de la Premier 2006/2007. Así, afirmado como jugador franquicia en la disciplina de Upton Park, Tévez consiguió dos reivindicaciones made in Apache; por un lado, conquistó la idolatría de los escépticos hinchas granates -conocidos como Inter City Firm por sus &#8220;preferentes&#8221; viajes en la línea de dicho ferrocarril para alentar al equipo a lo ancho y a lo largo del territorio británico-, reconvertidos a la causa Charles gracias a la épica alcurnia de matador del hombre del dorsal &#8220;32&#8243;; por el otro, acalló las ofensivas e imprudentes críticas vertidas por el infame Cuarto Poder sensacionalista de la Corona. Amén del ulterior y meritorio halago al vocalista de la cumbia y la definición a los ángulos, el recital del descenso no había concluido para el urgido West Ham. Entonces, coronando la salvadora patriada, el &#8220;Piola Vago&#8221; de Ciudadela -acompañado por una banda de músicos de dudosa afinación- evitó el cantado descenso de los centenarios Hammers con 7 festejos de Primera en los últimos 10 juegos de la Premier.<br />
Extasiado por el gauchesco fútbol de Carlitos a la hora de la verdad, el Manchester United puso la mira en el pícaro y altruista delantero; el interminable culebrón por su fichaje acabó en el verano europeo del 2007, tras sellarse un nuevo préstamo con el club comandado por el incombustible Primer Ministro escocés Sir Alex Ferguson. Arribado a Old Trafford, la química futbolera entre Wayne Rooney, Cristiano Ronaldo y Carlos Tévez maravilló a la pasional afición del United, quien festejó por duplicado la Premier League en las campañas 2008 y 2009, la Community Shield de la temporada 2008 y la Football League Cup en el ejercicio 2009. Excediendo su doméstico reinado, los Diablos Rojos prolongaron la hegemonía de su dominio a Europa. De ese modo, el Apache y demás apóstoles -tras peregrinar por las catedrales de la pelota durante el mirífico 2008- ofrendaron a la devota feligresía del United dos trofeos &#8220;divinos&#8221;: la Champions League y la Copa Intercontinental. Endiosado por su profesionalismo y la religión de sus goles, el unánime vociferío del aficionado premió al presbítero del área como el nuevo elegido. Así, al ingresar a los templos british del balompié, la agradecida marea roja recibía sistemáticamente a Carlitos con el conmovedor grito de ¡Ar-gen-ti-no, Ar-gen-ti-no!<br />
Lamentablemente, el romance entre Tévez y la gente iba a ser efímero. Alex Ferguson, enfermo de poder y protagonismo, vulneró la ley no escrita del &#8220;puesto ganado por méritos propios&#8221;, contratando al témpano búlgaro Dimitar Berbatov con la aviesa intención de desplazar a Carlitos del once titular. Traicionado por un entrenador desmemoriado y prepotente, los minutos de Tévez cayeron bruscamente en su segunda campaña en el United. Así, concluida la temporada 2008/2009, el inevitable divorcio con el vitalicio DT-Manager fogoneó el irremediable adiós de Old Trafford. ¡Y precipitó el vínculo futbolístico con el enemigo N° 1 de los Red Devils: el Manchester City!<br />
La flamante historia entre Tévez y el City suma un puñado de prolíferos capítulos. A modo de adelanto, Sir Apache Charles de Manchester firmó 19 ejemplares en redes enemigas en 29 partidos-cuentos… de hadas. Y la celeste saga del literato del cuero acaba de comenzar. Es que el &#8220;Ciudadano del Gol&#8221; nunca desoye las necesidades del soberano. Animados por la cercana ilusión mundialista, los sensibles lectores de relatos albicelestes desacreditan a los minoritarios detractores de Carlitos con un postulado -según ellos- infalible: ¡la Selección es Tévez y diez más, Maradona! Sudáfrica será testigo.<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>BANFIELD CAMPEÓN DEL APERTURA 2009</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Dec 2009 00:06:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[¡Somos campeones, Garrafa!
Eliseo Mouriño, elegantemente trajeado y con su infaltable corbata verde desanudada y apuntando al Sur, mira el reloj pulsera de su mano derecha repetidamente. El caballero de los estadios, acostumbrado a las grandes hombradas en el círculo central, libra una desigual batalla contra los derrotistas demonios que sobrevuelan tenazmente sobre el firmamento color [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 18pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">¡Somos campeones, Garrafa!</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">Eliseo Mouriño, elegantemente trajeado y con su infaltable corbata verde desanudada y apuntando al Sur, mira el reloj pulsera de su mano derecha repetidamente. El caballero de los estadios, acostumbrado a las grandes hombradas en el círculo central, libra una desigual batalla contra los derrotistas demonios que sobrevuelan tenazmente sobre el firmamento color esmeralda. Angustiado, avizora la leprosa silueta del malvado enemigo rosarino, ducho en imposibles como arrebatarle un título al gigante Boca Juniors en el mítico patio de su casa. Dominado -en la víspera de la gran cita- por la patología de un inusual síndrome de ansiedad, Eliseo busca con su impaciente mirada la complicidad de un juicioso compañero de aventuras en el paraíso.<br />
-¿Oiga, Don Valentín, a qué hora es el partido de Banfield?<br />
La pronta respuesta del vitalicio presidente -imbuido por la cultura de la precisión anglosajona fundadora del club- se hace eco en la geografía de la eternidad.<br />
-¡A las 5 de la tarde, Eliseo!<span id="more-169"></span><br />
Acto seguido, a modo de natural descarga y decodificando sabiamente la temperatura emocional de su calificado interlocutor -y la propia, ¡para qué negarlo!-, Valentín Suárez ensaya un breve y profético monólogo.<br />
-Hoy toca sufrir en la Bombonera, Eliseo. Y roguemos para que Martín Palermo continúe con su sequía goleadora. ¡Siempre nos vacuna el &#8220;9&#8243; de Boca, será de Dios! -agrega preocupado-. Igual, no me preguntes ni cómo ni porqué, pero siento que esta tarde vamos a tener una ayuda divina, Eliseo.<br />
El 13 de diciembre de 2009 el cielo está alborotado. A medida que se acerca la hora de la verdad, las estrellas domingueras que brillan en el coliseo de Peña y Arenales suman su áurica presencia en la confortable y célica vivienda de Valentín Suárez. Entre la nutrida comitiva, una figura sobresale por su original picardía y su férrea convicción de segura vuelta olímpica: José Luis &#8220;Garrafa&#8221; Sánchez, alias el Señor Potrero.<br />
Intranquilo por una ilustre ausencia y con los muchachos de Falcioni pisando el césped de la gloria, el capataz de Banfield consulta a su admirado amigo, autorizado jefe de la milicia del Taladro.<br />
-Eliseo, ¿lo invitaste a Florencio Sola a ver el partido con nosotros?<br />
Mouriño, sabedor de la prosapia del personaje y gratificado -como toda la comunidad de Banfield- por la histórica gestión del pionero colega de Suárez, responde presuroso.<br />
-Sí, Don Valentín, quédese tranquilo. Florencio me prometió su asistencia… ¡cueste lo que cueste! Es más, ni bien me vio entrar a su despacho, sacó del cajón diestro de su escritorio una bandera de Banfield prolijamente doblada y un antiguo rosario de oro. Sonriente, me comentó que nunca va a la cancha (ni ve al Taladro por la TV) sin la compañía de aquellos reverenciados objetos-reliquias.<br />
Cortésmente, Valentín Suárez replicó a su compañero con una revelación.<br />
-Sí, lo sé, Eliseo. Es que el bueno del “Lencho” Sola, además de un devoto creyente católico, es el rey de las cábalas… ¡Hola Florencio, por fin llegó el hombre de la fe! Acomodate rápido que arranca el fútbol. Estamos a un triunfo del primer campeonato, Lencho. ¡Sólo hay que ganar el último partido! O esperar que el Cuervo le amargue la tarde a Newell`s.<br />
Martín Palermo -rompiendo la sequía ¡justo contra el Taladro!- acalla la algarabía de la Junta de Notables con una dupla de goles-puñaladas. Entonces, los humedecidos ojos de la verde resignación desvían su mirada al santuario del Parque. Inesperadamente, se suceden llantos y abrazos al por mayor. El culpable de tanta locura se llama Fabián Bordagaray (¡empujado por los fantasmas del Juanchi Taverna y Raúl Wensel!), jugador de San Lorenzo y, a partir de su par de gritos en territorio del Lucifer Newell`s, idolatrado chef de la receta bautismal del ¡Banfield campeón!<br />
Desbordado por tamaña felicidad, Eliseo Mouriño dirige sus pasos en busca de Valentín Suárez y le comenta a viva voz.<br />
-Tenía razón, Don Valentín. ¡Cómo no me di cuenta antes! El milagro se produjo por obra y gracia de un Santo… de Boedo.<br />
Confundido en el festivo ámbito del edén de Banfield, Mouriño rastrea al célebre artista de la zurda barroca. A continuación, se funde en un interminable abrazo con José Luis Sánchez y le reza al oído tres mágicas e irresistibles palabras: &#8220;¡Somos campeones, Garrafa!&#8221;<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>¡El Abanderado Messi es argentino!</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Dec 2009 23:56:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La recordada y funesta Guerra de la Triple Alianza (1864/1870) ungió al adolescente soldado-voluntario Cleto Mariano Grandoli como auténtico héroe nacional. El efebo y guapo subteniente rosarino -¡pocos meses luego de festejar sus 17 abriles!-, en un acto de inconsciencia y extremo patriotismo, ofrendó su vida en el hostil campo de batalla de Curupayty. Entonces, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">La recordada y funesta Guerra de la Triple Alianza (1864/1870) ungió al adolescente soldado-voluntario Cleto Mariano Grandoli como auténtico héroe nacional. El efebo y guapo subteniente rosarino -¡pocos meses luego de festejar sus 17 abriles!-, en un acto de inconsciencia y extremo patriotismo, ofrendó su vida en el hostil campo de batalla de Curupayty. Entonces, tras ser asesinado en combate por el inclemente ejército paraguayo, su cuerpo quedó envuelto en el escudo de un ensangrentado confalón argentino. Tamaña bravura bélica en territorio guaraní apuró el mote que identificaría para la posteridad al aguerrido miliciano: el Abanderado Grandoli.<br />
Homenajeando la bravura del célebre y precoz caudillo, un grupo de nostálgicos paisanos amantes del cuero fundó el Centro de Educación Física Nº 8 Abanderado Mariano Grandoli, santuario que cobijó las primeras definiciones a los ángulos del peregrino del gol: Lionel Messi. Nacido en el Hospital Italiano Garibaldi de Rosario un 24 de junio de 1987, el anarquista de la gambeta rápidamente impuso la doctrina de la libertad creativa y la abolición del resultado a cualquier precio. Aparicio, entrenador de las categorías infantiles del Grandoli, doblegado por la insistencia de la abuela materna Celia, aceptó el messiano convite de la prueba cardinal. <span id="more-160"></span>Entonces, conmovido por la lírica poesía del mancebo pincel zurdo de La Pulga, el competente educador se doctoró -¡sin imaginarlo!- con el título de Primer Formador del (futuro) Balón de Oro y FIFA World Player. Acto seguido, empujado por el desparpajo de los distintos y por una suntuosa colección de impresionistas retratos de amagues y túneles, Messi fijó residencia futbolera en dominios leprosos, fichando en las inferiores Newell´s Old Boys, el coloso del Parque… ¡Marcelo Alberto Bielsa!<br />
Arribado al Complejo Malvinas Argentinas (centro de formación de las categorías infantiles rojinegras) el 21 de marzo de 1994, Messi deleitó a propios y extraños con más de ¡500 juveniles y épicos goles durante seis imborrables campañas! Los nostálgicos seguidores de las inferiores de Newell´s todavía recuerdan el estético andar de la célebre Máquina categoría 1987, irrepetible equipo que recorrió exitosamente las codiciadas vías del campeón gracias a la pericia del chofer de la excelencia, reconocido en el Polideportivo Bella Vista simplemente como Lionel Andrés Messi. Frenando aquel esplendoroso presente, el destino le jugó una baraja marcada por la fatalidad al introvertido y diminuto artista del esférico. Alterada su salud por un incomprensible freno en su desarrollo físico (a sus nueve años, Leo medía sólo ciento veintisiete centímetros), en pleno verano de 1997 sobrevino una urgente consulta con el reputado endocrinólogo rosarino Diego Schwarsztein, especialista en la materia. Los ingentes estudios ordenados por el galeno resultaron concluyentes: Messi padecía un déficit en la hormona del crecimiento. El impactante diagnóstico alteró el guión familiar de la serenidad por el de la pesadumbre; preocupados por la evolución sanitaria del tercer heredero de la dinastía, Jorge Messi y Celia Cuccittini se vieron obligados a afrontar un oneroso tratamiento para detener aquel inusual y atípico trastorno de origen glandular.<br />
Consternados, los progenitores presagiaron el peor de los escenarios para el prodigioso niño-futbolista; la impiadosa e inesperada afección ponía en serio riesgo el &#8220;sueño del pibe&#8221;, afín a debutar en la Primera de su amado Newell´s. Imposibilitados de costear las diarias y dolarizadas inyecciones subcutáneas por tiempo indefinido -la estimación médica inicial apuntaba a un período de entre 5 y 6 años-, sólo el auxilio de la obra social de Jorge, personal dependiente de la firma Acindar, alivió temporalmente la delicada economía hogareña. Angustiados por las secuelas de la rebelde patología y por la negativa leprosa de solventar los prohibitivos gastos, los Messi -luego de un infructuoso coqueteo con la dirigencia de River Plate- viajaron a España. Instalados en la geografía de Cataluña en el otoño del 2000, el FC Barcelona apareció en el horizonte del menudo y talentoso jugador. Así, los visionarios dirigentes de la Ciudad Condal, recomendación mediante de un impresionado Carles Rexach (entrenador del primer equipo culé por aquellas horas), invirtieron euros y muchas ilusiones en la recuperación a largo plazo de La Pulga. Entonces, la prestigiosa cantera del Barça -¡honor a la gran Masía!- cobijó a Messi, educándolo en la cultura del toque y la circulación fluida del balón. Audazmente, desafiando minoritarias opiniones desalentadoras y a los escépticos de turno, la Junta del “más que un club” apostó por el ser humano; nueve años después, el FC Barcelona cuenta en su lujoso plantel profesional con el futbolista Nº 1 del planeta.<br />
La catarata de éxitos de Lionel Messi en Can Barça recorre el redondo universo a velocidad crucero; los seis magníficos e irrepetibles títulos del 2009, el Balón de Oro y el FIFA World Player instalaron al &#8220;10&#8243; en el selecto Olimpo de los Elegidos. Tan inmensa resultó su gesta que en la aplastante y duplicada coronación mediática humilló al mismísimo rey del marketing, rebautizado en Madrid como CR9. Igualmente, en junio de 2010 La Pulga afrontará un desafío Mayor: saldar su deuda interna con la camiseta celeste y blanca. Tranquilizando a la impaciente muchachada de los tablones domingueros desde las divinas alturas del paraíso balompédico, la abuela Celia profetiza su emotiva corazonada. ¡Sudáfrica será testigo de la reconciliación entre Messi y la Selección! Indignada por los ataques hacia su adorado nieto, esgrime una defensa digna del mejor Mauricio Pochettino: ¿cómo pueden dudar del amor de Leo por los colores de su país? Enardecida por tanta maldad, cierra su discurso con una sentencia inapelable. ¡Acaso no saben que el Abanderado Messi es argentino!<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>San Palermo, Don Julio I de Sarandí… y ¡Maradona!</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 15:35:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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El pitazo final del impresentable árbitro paraguayo Carlos Amarilla desató el generalizado descontrol del cuerpo técnico y los jugadores de la Selección. De manera grotesca e irracional, consumada la &#8220;hazaña mundialista&#8221;, los destinatarios de los agravios tuvieron nombre y apellido: ¡la prensa antiargentina! ¿Qué hacía Bilardo camuflado y dando instrucciones desde el túnel? La penosa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><br />
El pitazo final del impresentable árbitro paraguayo Carlos Amarilla desató el generalizado descontrol del cuerpo técnico y los jugadores de la Selección. De manera grotesca e irracional, consumada la &#8220;hazaña mundialista&#8221;, los destinatarios de los agravios tuvieron nombre y apellido: ¡la prensa antiargentina! ¿Qué hacía Bilardo camuflado y dando instrucciones desde el túnel? La penosa clasificación in extremis a Sudáfrica 2010 (de 10 participantes sudamericanos, cuatro entraban en forma directa y el quinto tenía el premio de un repechaje contra probables &#8220;potencias&#8221; como ¡Costa Rica u Honduras!), lejos de bajar los decibeles de los futbolistas-hinchas, acrecentó el encono de los gladiadores azules hacia el diabólico Cuarto Poder, ideario gestado por el inolvidable escritor, político y orador anglo irlandés Edmund Burke. Sólo la lucidez de Juan Sebastián Verón -líder espiritual y futbolístico del inestable once de Maradona- escapó a la mediocridad del lamentable episodio. El cerebral futbolista platense, apartado de los festejos agresivos por decisión propia, tuvo la valentía de cuestionar públicamente las miserias del modelo Grondona-Maradona. Esperemos que tamaña sublevación no le cueste el absurdo de mirar el Mundial de Sudáfrica por TV. ¡Aunque Pekerman estaría encantado!<span id="more-147"></span><br />
Aquel 14 de octubre de 2009 quedó grabado a fuego en la patria del mate y el dulce de leche. Lamentablemente, no por el parto que significó validar la presencia albiceleste en el país del mítico Mandela. Asegurado el boleto mundialista en el Centenario, Maradona invitó -¡en el marco de la conferencia de prensa post partido!- a sus enemigos y/o críticos a practicarle sexo oral. La grosería recorrió el mundo, aguzando el ingenio de los traductores, no habituados a transitar por los caminos de la ordinariez idiomática. Pero hubo algo mucho más grave: apagado los calores del triunfo montevideano, Diego no mostró síntomas de arrepentimiento. Ni tampoco pidió públicas disculpas. ¿Y Grondona? El Emperador Argentino de la Pelota, más conocido como Don Julio I de Sarandí, fiel a sus particulares códigos ¿políticos o económicos?, respaldó al desbocado entrenador. Entre tanto, la FIFA (entidad de la cual el hombre G es vicepresidente primero y tesorero) anunció el alta de un expediente disciplinario contra Diego. ¿Alguien imagina una sanción ejemplar contra el Diez siendo Grondona el segundo de Blatter? Siglo XXI cambalache…<br />
Cuatro días antes de las jornadas maradonianas sobre mala educación, Martín Palermo lució ostentoso la sotana del Salvador en el templo de un hereje Monumental. Atormentados por los &#8220;10&#8243; mandamientos del ridículo de la Selección ante Perú (sobre todo, en el segundo tiempo), los feligreses del cuero asistían incrédulos a la más que probable eliminación argentina del Mundial 2010. Luego de dos dolorosas derrotas contra Brasil y Paraguay, el incomprensible empate en casa contra el peor equipo de la tabla presagiaba un escándalo mayúsculo. Entonces, en medio del unánime desconsuelo y espantando los demonios de un diluvio torrencial vestido con los colores de Uruguay y Ecuador, emergió la figura del cardenal de los goles imposibles. Insúa tomó un rebote en dominio incaico y lanzó un desolado centro a ras del piso. Gambeteando innumerables pies terrenales, la angelical pelota buscó el botín zurdo de San Palermo (¿cómo no iba a estar en posición adelantada si bajó desde el cielo?). Acto seguido, la bola besó la red y el milagroso triunfo se hizo realidad. ¡Argentina 2- Perú 1! Es palabra de Martín. Te alabamos Titán.<br />
La clasificación a Sudáfrica no puede esconder los horrores del paupérrimo ciclo iniciado por Basile y continuado por Maradona. ¡Pero la culpa de tanto dislate no es sólo de ellos! Los futbolistas están en deuda con la gente y con la camiseta. Y el caso más emblemático -aunque no el único- es el de Lionel Messi, el as de espadas del fútbol argentino. ¿Por qué misteriosa razón La Pulga camina apáticamente la cancha sin participar en el circuito de juego del equipo? ¿Cuándo veremos explotar al &#8220;10&#8243; del Diez en la Selección? Es hora de replanteos y de humildad. Se acabó el tiempo de la soberbia y de la incoherencia. Quien no lo entienda así, deberá dar un paso al costado. Independientemente de cambios en el cuerpo técnico (se habla de incorporar a Mohamed como ayudante top y de &#8220;congelar&#8221; a Bilardo con tareas logísticas), la sensatez y el trabajo deberán aparecer por el predio de Ezeiza. Basta de no querer madrugar o de citar jugadores a diestra y siniestra. Llegó el momento de darle una identidad definida al equipo. Nadie quiere ser testigo de un papelón de la Selección en Sudáfrica. Todavía estamos a tiempo para rever tanto desaguisado. La esperanza es lo último que se pierde. Lástima que dependamos de un tal Julio Grondona… y del ¡Maradona DT!<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>Siglo XXI Cambalache</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2009 18:01:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[          El anuncio oficial de la &#8220;democratización del fútbol&#8221;, efectuado por la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, el plenipotenciario ministro de la AFA Julio Grondona y hasta el mismísimo DT de la Selección, Diego Maradona, preludió una conflictiva ruptura contractual anticipada con el vitalicio socio Televisión Satelital Codificada (TSC), popularmente conocido como Torneos y Competencias. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">          El anuncio oficial de la &#8220;democratización del fútbol&#8221;, efectuado por la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, el plenipotenciario ministro de la AFA Julio Grondona y hasta el mismísimo DT de la Selección, Diego Maradona, preludió una conflictiva ruptura contractual anticipada con el vitalicio socio Televisión Satelital Codificada (TSC), popularmente conocido como Torneos y Competencias. Las oscuras tramas de la rescisión incluyeron pedidos de considerables aumentos en los devaluados cachets afiliados -acordes al nivel de ingresos televisivos abonados en similares Ligas, según la dirigencia afista-, sistemáticamente negados por el poderoso multimedio, y muchos millones de adelanto para afrontar las agobiantes deudas de los clubes con Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), la Unión de Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles (UTEDYP) y la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Disconforme por el veto-retaceo económico de su monopólico accionista, Grondona<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>se alió con los altos mandos de la Casa Rosada. O, mejor dicho -¡traicionando a su otrora benefactor aliado!-, se alistó en la tropa del enemigo íntimo número &#8220;1&#8243; del Grupo Clarín (dueño del 50% de las acciones de TSC), Néstor Carlos Kirchner.<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">          Dolido por la crítica postura del periódico líder hacia su doble comando de gestión gubernamental y arrastrando -¡todavía!- las esquirlas internas de un justicialismo fragmentado luego del doloroso traspié electoral bonaerense ante Francisco De Narváez, el ex presidente planificó una diabólica venganza hacia la familia Noble.<span id="more-127"></span> Julio Grondona, alias el hombre del poncho, confirmó in situ el ostensible rencor político del verdadero Jefe; allanado el terreno para patear el tablero del convenio 2014, le ofreció a Napoleón… Néstor Kirchner el negocio de la pelota en bandeja de oro. Sellado el maquiavélico acuerdo del &#8220;fútbol para todos&#8221; (falacia discursiva publicitaria ya que, el habitante residente en el olvidado interior, en caso de no contratar un operador oneroso de cable, no visualiza de ningún modo la señal de la Televisión Pública) a cambio de la redonda y jugosa exclusividad, el capitalista papá Estado se comprometió a abonar a la AFA ¡600 millones de pesos anuales!<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">          La catarata de millonarios juicios impulsados por TSC no será gratuita; alerta, el ciudadano común espera no pagar de su bolsillo los elevados costos litigiosos o directamente padecer las metástasis de la inescrupulosa erogación con nuevos impuestos y/o confiscaciones patrimoniales… a nombre de una súbita emergencia nacional. No obstante la ilícita maniobra de los perversos actores de la escena doméstica, Marcelo Bombau (presidente de TSC) tendrá que hacer la autocrítica de rigor. El exabrupto de Cristina, comparando el secuestro de los goles con los desaparecidos de la dictadura militar, deberá leerse como una verdad a medias. La empresa hizo uso y abuso del absolutismo de imágenes; avalada en los mentados derechos, obligó a la patria del taco y la gambeta a subirse a la carroza de Fútbol de Primera para espiar las conquistas de sus colores. Además, en la onerosa exportación primer mundista de las criollas definiciones a los ángulos, cuantiosos cheques con varios ceros a la derecha no fueron declarados al padrino Don Julio, circunstancia que desencadenó el principio del fin.<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">          Párrafo aparte para la caballeresca gente de la radio. Torneos -deliberadamente- retrasó milésimas de segundo la imagen de los partidos, perjudicando al indefenso relator y obligando al televidente-oyente a sintonizar sí o sí la TV codificada; además, intentando aniquilar a los probos e imaginativos artistas del éter, ordenó a las voces de su milicia el simulacro de relatar los encuentros por las señales de la casa. La vil estrategia destructiva añadió el esperpento camarógrafo de enfocar -en medio de la narración- a los pasionales seguidores de turno ejecutando la partitura de la desesperación o entonando la triunfalista música del campeón. Y todo bajo la cómplice mirada de un tal Julio Grondona.<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">          Entre tanta corrupción disfrazada de proteccionismo al desamparado hincha, emerge el infinito recuerdo del mirífico Enrique Santos Discépolo; multifacético, describió como nadie los males del ser nacional, decodificando las miserias humanas que supimos conseguir. Agradecido por el regalo del maestro, el exquisito cantor de los cien estadios del “tangol” -más conocido como Ernesto Famá-, interpretó la sabia letra del poeta del Once con su particular verba estribillista: &#8220;¡Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remaches ves llorar la Biblia contra un calefón&#8230;!&#8221;. Conmovidos por tanto realismo, Don Julio, Néstor y Marcelo recitan en trinidad el afinado coro… &#8220;¡Siglo XXI Cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil!&#8221; <span style="mso-spacerun: yes;"> </span><span style="mso-spacerun: yes;"> </span><span style="mso-spacerun: yes;">  </span><span style="mso-spacerun: yes;">  </span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;" lang="ES">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>¿Todavía quiere ser médico, René?</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Aug 2009 15:40:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[
René es un humilde y disciplinado chico platense clase 23; hijo de una creativa modista y de un sacrificado carpintero, el novicio abanderado de la cultura Tripera (¡honor a los jugadores-obreros de los frigoríficos de Berisso y Ensenada!) convive con la progenitora palabra santa del derrotero de la honradez y el apego a la sociedad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><br />
René es un humilde y disciplinado chico platense clase 23; hijo de una creativa modista y de un sacrificado carpintero, el novicio abanderado de la cultura Tripera (¡honor a los jugadores-obreros de los frigoríficos de Berisso y Ensenada!) convive con la progenitora palabra santa del derrotero de la honradez y el apego a la sociedad del conocimiento. Criado en los célebres adoquines del barrio El Mondongo, el aprendiz de campeón gambetea los despiadados embates del once de la necesidad con similar pericia anotadora que su mirífico ídolo, el bombardero del ilustre Expreso, más conocido como Arturo “El Torito” Naón.<br />
Perdidamente enamorado de una deshilachada bandera blanquiazul instalada en la estrechez de su cuarto, René sacraliza las bondades de un sentimiento inexplicable llamado Gimnasia y Esgrima La Plata; apasionado por los rituales domingueros de la popu, el pibe de doce años no sabe de excusas ni de ausencias. Entonces, sus infaltables citas a la tribuna vestido con los colores del Lobo -invariablemente escoltado por la proselitista muchachada mondonguera- decoran el concurrido santuario del Bosque, gozoso por contemplar el recambio generacional del conmovedor aliento en los tablones del Zerillo. Hermanado con la multitudinaria procesión de fe del Pueblo Gimnasista y seducido por la acompasada coreografía de La 22, René graba con letras de oro su sempiterno idilio con el escudo tripero. I</span></span><span id="more-89"></span><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">déntica adoración profesa por doña Cesárea, entrañable abuela materna y versada poetiza amateur de la reina naturaleza; la sapiente nona, deseosa por trazar el camino de la rectitud descendiente, inculca a René el sumo placer de sembrar dignidad para cosechar respeto y la meritoria recompensa espiritual por la vitalicia afiliación al club de los valores humanitarios.<br />
Alejado del remanso familiar por imposición de Su Majestad Colegio, los días hábiles del fraternal René incluyen obligadas visitas a las aulas de la Escuela Número 45; en el albo y sobrio recinto educativo, ubicado sobre la calle 68, justo en la intersección de la diagonal 73, los revoltosos compañeros del fanático lobo-adicto combinan labores instructivas con viscerales gritos de gol. Apagado el fuego de la rivalidad en el estadio del recreo, la sensatez del enfriamiento amerita íntimas confesiones estudiantiles; decidido a auxiliar al prójimo necesitado, René revela su magno sueño: ¡estudiar medicina! Alerta, un angelical profesor que peina canas y colecciona décadas por demás escucha su revelación y le advierte paternalmente. “Mire, joven… le voy a contar una historia. No lo hago para persuadirlo de su decisión. Simplemente quiero lo mejor para su futuro”. ¿Cuál es su nombre? Escuche con atención, René.<br />
En mis años mozos conocí un altruista médico rural de La Plata; fascinado por la sanadora profesión y aceptando un convite de un pariente, el Doctor se instaló en Jacinto Arauz (pequeño pueblo de La Pampa habitado sólo por ¡3.500 personas!) junto a su hermano Juan José, también galeno. Solidarios, fundaron un centro asistencial orgullo de los lugareños; tras años de sacrificios, ayudas locales y mucho ingenio, los héroes de guardapolvo blanco redujeron a mínimos los índices de mortalidad infantil, aminoraron las infecciones de las parturientas y eliminaron el letal flagelo de la desnutrición. Complacidos por los ingentes logros, crearon un banco de sangre y participaron en numerosos debates comunitarios, auspiciando el pedagogo “canal de la prevención” para vencer holgadamente a la nefasta competencia de la insalubridad.<br />
¿Me sigue, René? Continúo. Cumplida la noble misión pampeana, el Doctor regresó a la Ciudad de las Diagonales; atraído por la cirugía torácica y orientado por el ínclito Profesor José María Mainetti, viajó a Cleveland, Estados Unidos. Entonces, apadrinado por inquietos colegas y valiéndose de la soberbia infraestructura de la clínica de Ohio, inventó el bypass coronario, revolucionando la ciencia médica. La insigne creación popularizó su figura, ganando prestigio y admiración internacional. No obstante las mieles del éxito y la “gringa” tranquilidad de vida del Doctor, la nostalgia del arrabal amargo y la camiseta de Gimnasia apuraron su regreso a casa. Recibido con honores por las autoridades, inauguró una célebre Fundación en la porteña Avenida Belgrano. ¡No sabe a cuánta gente sin recursos operó el Doctor, René! ¿Lo aburro con el relato? Prosigo. Consumidas las hojas del almanaque a velocidad crucero y apagada la euforia por el regreso del hijo dilecto, apareció un enemigo siniestro para los intereses del ejemplar médico: la mafia de las obras sociales. Voy al grano, René. El gremio quería un “retorno” por enviar los pacientes afiliados a la Fundación. ¿Usted sabe lo que significa la palabra retorno? ¡Dinero sucio! Esa es su literal y macabra definición. ¡El Doctor fue víctima de una vil extorsión, René!<br />
¿Seguro no lo incomodo con la extensa crónica, René? Concluyo la narración. Avergonzado por la ilegal maniobra y agobiado por las cuantiosas deudas de su reputada Fundación -incrementadas por la voracidad recaudatoria de un Gobierno autista e indigno-, el célebre Doctor no soportó el dolor del incumplimiento y el abandono de persona, optando por el arrojado recurso del suicidio. Exterminados los demonios del oprobioso desamparo tras jalar el gatillo de la eternidad, el mendigo de la patria gaucha descansa en paz, René. ¡El Doctor Favaloro ya no sufre! Elevado al firmamento Mens Sana, su evitable partida desenmascaró a los inmorales cobardes del soborno y la traición. Es que la decencia es un pecado capital en la geografía de la corrupción y el desencanto. ¿Todavía quiere ser médico, René?<br />
</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: right;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="mso-spacerun: yes;"><span style="font-size: 12pt; font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;;">Sergio A. González Bueno</span></span></span></span></p>
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		<title>Roberto Goyeneche - El Polaco cantor de Saavedra -</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Aug 2009 15:28:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; line-height: 150%; text-align: justify; mso-margin-top-alt: auto; mso-margin-bottom-alt: auto;"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">La humilde geografía del barrio de los Tachos, recinto urbano ubicado en el mapa capitalino de la populosa Saavedra, en medio del sofocante calor de un recordado 29 de enero de 1926, acunó los primeros y ¿afinados? llantos de un saludable varón nacido en Superí y Avenida del Tejar, bautizado por sus padres con el nombre de Roberto. Hijo de Emilio Goyeneche y María Elena Costa, ambos descendientes de vascos emigrantes del “exilio del hambre”, la consensuada decisión de llamar Roberto a su primogénito obedeció a un homenaje póstumo para con la memoria de su tío -fallecido repentinamente de una extraña dolencia-, un eximio pianista de tango que le puso música a los versos de <em>Pompas</em>, relanzado como… <em>de jabón</em> tras su efímera partida, mágica creación del inolvidable poeta del dos por cuatro Enrique Cadícamo, cuyo exitoso estreno en el teatro Astral, cuando 1925 recién estaba gateando, lo interpretó con nota un cantor apodado <em>el morocho del Abasto</em>, más conocido como Carlos Gardel.<br />
Roberto <em>“Polaco”</em> Goyeneche, genuino heredero de los genes artísticos del músico de la dinastía y armonioso gorrión -desde niño- de melodías arrabaleras, honrando su incondicional amor por el fútbol y por su querido Platense, no gambeteó el destino legado del compás, el vals y la milonga. <span id="more-77"></span>No obstante ello, los Goyeneche, no repuestos aún del dolor por la irreparable pérdida de Roberto, soportaron una nueva tragedia que sacudió sus vidas: la muerte de Emilio, el papá del <em>Polaco</em>. Su impensado deceso, cuando sólo contaba con treinta y tres años y administraba una tapicería heredada del sacrificio paterno, cambió el guión de la película familiar; el argumento de la necesidad se convirtió -entonces- en el eje central de la trama y María Elena, la abnegada madre, se vio obligada a vender el chalet de Vicente López y a instalar una lavandería para hacerle frente a la tormenta de las carencias. Movilizada por un altruismo admirable, postergó su vida priorizando la crianza y educación de sus dos hijos (Roberto y Jorge), intangible virtud que Goyeneche, con el paso del tiempo, supo valorar a punto tal de someterse a un retiro temporal ante la angustia matriarcal por la bohemia elección de vida del vocalista. </span><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES-AR;">   </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 10pt; line-height: 150%; text-align: justify; mso-margin-top-alt: auto; mso-margin-bottom-alt: auto;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="font-family: Calibri;">Entre tanto, posponiendo por algunos torneos su velado sueño de jugar en la Selección y cantar en la orquesta del “<em>Gordo”</em> Aníbal Troilo, el <em>Polaco</em> repartió su juventud entre la idolatría profesada a su ilustre vecino, el arquero calamar Julio Cozzi, intuitivo y adelantado especialista en el arte de atajar penales (Corbatta, Labruna y Lángara figuran entre sus consagradas víctimas) y sus tareas como cadete, chofer de colectivos, taxista y hasta ¡empleado de un taller mecánico! Igualmente, su pasión por el tango pudo más. Así, una actuación estelar con podio incluido en el Club Federal Deportivo de Saavedra, en el marco del cuarto concurso de cantores organizado por dicha entidad, obró de invaluable pasaporte para conocer al imitador Oscar Lamadrid, quien lo vinculó con la orquesta de Raúl Kaplún. En la ansiada audición, unas inspiradas estrofas de <em>Mi noche triste</em> bastaron para convencer al violinista de la proyección del novel cantor. Unos días más tarde se produjo su esperado debut en Radio Belgrano; su prodigiosa voz, seductora de almas nostálgicas y dolidos corazones envenenados por el mal del abandono, le regaló a los oyentes una deliciosa interpretación de <em>Se lo conté al bandoneón.</em></span></span></p>
<table class="MsoNormalTable" style="width: 100%; mso-cellspacing: 1.5pt; mso-yfti-tbllook: 1184;" border="0" cellpadding="0" width="100%">
<tbody>
<tr style="mso-yfti-irow: 0; mso-yfti-firstrow: yes; mso-yfti-lastrow: yes;">
<td style="background-color: transparent; width: 99.32%; border: #ece9d8; padding: 0.75pt;" width="99%">
<p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="font-family: Calibri;">El <em>Polaco</em> cuenta con un anecdotario popular de leyenda; en el ínterin de una pausa profesional por voluntad propia, cumpliendo una promesa de sangre hecha a su difunta madre, una madrugada de luna llena iba conduciendo el coche de la línea 219 por las callecitas de Buenos Aires que tienen ese no se qué. De repente, un guiño de bandoneón se interpuso en su camino. Juan José Otero, periodista y representante de la orquesta de Horacio Salgán, subió su exhausta anatomía al colectivo indicado y quedó extasiado al escuchar cantar al ignoto chofer el tango <em>Mano a mano</em>. El ruego por conseguir sus datos no se hizo esperar.</span></span></p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p class="txt" style="margin: auto 0cm; line-height: 150%; text-align: justify;"><span style="line-height: 150%; font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Al poco tiempo, la necesidad de Salgán por renovar el dúo de intérpretes fijos de su elenco propició el llamado -previa recomendación del “<em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Gordo”</span></em> Otero- para una prueba cardinal. Y Goyeneche no falló; su cautivante y cálido timbre barítono, con el valor agregado de una singular expresividad que el tiempo convirtió en sello personal, le dio vida a los versos de <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Alma de loca</span></em>, y el prestigioso pianista, difusor a ultranza del estilo <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">avant garde</span></em>, contrató al cantor sin dejarle concluir el tema. Ello provocó un indudable salto de calidad en su carrera. Corría 1952 y Goyeneche pasaba a jugar en la Primera del Tango Nacional. Una vez fichado y con convenio vigente en la orquesta del maestro Salgán, una señal angelical lo grabó a fuego. El acontecimiento, cuyos ribetes pintorescos el almanaque convirtió en culto de la feligresía tanguera, lo protagonizó Angel “<em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Paya”</span></em> Díaz, su compañero de ruta vocal; el cantor, sorprendido por la atípica fisonomía de Goyeneche, para romper el hielo del ensayo y lejos de imaginar las consecuencias de su ocurrencia, al saludarlo, lo avanzó llamándolo simplemente “<em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Polaco”</span></em>, marca registrada que identificaría para la posteridad al gorrión de Saavedra.<br />
</span><span style="line-height: 150%; font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Y llegó la hora de jugar en la Selección. Un joven y pasional Horacio Ferrer, poeta uruguayo subyugado por el aura del tango y devenido en autor con mayúsculas de históricas prosas como <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Balada para un loco</span></em> y <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Chiquilín de Bachín</span></em>, rendido ante el registro y el histrionismo del ascendente intérprete, recomendó enfáticamente a su amigo Troilo su contratación. <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Pichuco</span></em>, conocedor del mercado como pocos, respondió irónicamente con una salida de las suyas: “No me imagino que mi orquesta tenga como cantor a un cowboy”. En 1955, tres años más tarde de aquel premonitorio encuentro, el genial bandoneonista citó a Goyeneche en los baños turcos del Hotel Castelar y, previo ofrecimiento para incorporarse a su prestigiosa orquesta, aceptado en el acto por el rubio cantor, le informó que en diez días debutaría en el cabaret Marabú, mítico sótano convertido en refugio de la fauna adicta al dos por cuatro en los años cincuenta. Así, las estrofas de <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Bandoneón arrabalero</span></em> marcaron el inicio artístico de la dupla más famosa del tango patrio. Entre tanto, acompañado por el <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">gardeliano</span></em> y excéntrico vocalista Ángel Cárdenas, las interminables actuaciones, giras y presentaciones en Radio El Mundo le quitaron a Goyeneche horas de familia, sueño y ¡fútbol! El <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Polaco</span></em> extrañaba horrores sus visitas domingueras a la popular de Manuela Pedraza y Crámer, tablones en los que sufrió, alentó y hasta lloró por su querido <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">calamar</span></em>; poseído por un sano fanatismo, padecía el síndrome de abstinencia de la redonda, muchas veces mitigado por la cómplice Spica, que le devolvía emociones a modo de épicos goles anotados por sus admirados gladiadores Santiago <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">“Guito”</span></em> Vernazza y Vicente Sayago. ¡Honor a la historia de Platense!    <span style="line-height: 150%; font-family: 'Calibri','sans-serif'; font-size: 12pt; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"> <span style="line-height: 150%; font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"> En el apogeo de su carrera junto a <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Pichuco</span></em>, el bueno de Troilo le cortó las alas al jilguero Goyeneche, invitándolo a abandonar su orquesta bajo una doble excusa; por un lado, le dijo que no podía hacer frente a sus emolumentos dada su valía y su nuevo status de estrella; por el otro, le afirmó que había llegado el tiempo del destete. Y la poética súplica se hizo musa desde el fuelle troileano: “<em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Piantate</span></em> <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Polaco, te está esperando un país</span></em>”. Acto seguido, para menguar su congoja y consciente de su presagio, le anunció un cercano y natural reencuentro. El inesperado <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Chau, no va más</span></em> minó la resistencia anímica del popular artista. Su desorientación lo llevó a un peligroso ostracismo de casi dos años, del cual salió indemne gracias a su ingobernable alma de cantor. Goyeneche, muy a su pesar, sobrevivió sin <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Pichuco</span></em>, circunstancia que levantó su autoestima y relanzó su carrera, sacando chapa como reputado solista del circuito tanguero doméstico y foráneo. El <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Polaco</span></em> se reinventó como cantor; ergo, a su inimitable fraseo del lunfardo porteño hijo de la lírica de la melancolía y el desamor, le sumó interpretaciones de manual en clásicos como <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Naranjo en flor</span></em>, <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">La última curda y Garúa</span></em>, entre otros inspirados hitos de letristas de la bohemia arrabalera. Cuenta la fábula que su desempeño vocal-recitado de los versos de <em><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; mso-bidi-font-family: Arial; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin;">Balada para un loco</span></em> conmovió hasta las lágrimas al mismísimo Astor Piazzola, quien corrió presuroso a fundirse en un interminable abrazo junto al cantor de Saavedra. Goyeneche se había convertido, por decisión unánime del jurado de la calle, en la voz del tango rioplatense.<br />
<span style="font-family: Calibri;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;">En la cima de su carrera, cuando el otoño de 1965 manchaba con huellas amarillas las verdes hojas de los árboles que siempre mueren de pié, la fundación de un nuevo santuario tanguero llamado Caño 14, regenteado por Rinaldo Martino (ex crack santo), Atilio Stampone y Vicente Fiasché, precipitó la “reconciliación” definitiva de los dos íconos nacionales del dos por cuatro. Sus presentaciones a dúo cortaban la respiración del local, que muy a menudo colocaba el cartel de “no hay más localidades”; la prensa, el público, la farándula criolla y hasta la extranjera hacían sus reservas para ver en vivo y en directo a los astros de la música popular.<br />
</span></span></span></span></span><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="font-family: Calibri;">Así, llegaron dos recordados LP en sociedad, cuyos títulos emergieron de la ilimitada bondad de <em>Pichuco</em>, en claro reconocimiento al fenómeno masivo que representaba el producto Goyeneche. Entonces, <em>El Polaco y yo</em> y <em>¿Te acordás polaco?</em> fueron furor discográfico tras sus respectivos lanzamientos. La gloria había sacado pasaje de ida para <em>Varsovia</em>, cariñoso apodo con el que el <em>“Gordo”</em> Troilo llamaba ocasionalmente a su amigo con la inconfundible gravedad de su voz curtida por copas y estaño.<br />
</span></span><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="font-family: Calibri;">La seguidilla de éxitos en continuado le dio al pájaro cantor de Saavedra luz propia y permanencia afectiva crónica en la memoria popular colectiva. Su vigencia se mantuvo inalterable durante décadas; en plena madurez artística, sin el caudal sonoro de los años mozos, Goyeneche deleitaba a la platea con su inconfundible verba y su don para decir como nadie. Troilo, lleno de profunda admiración, llegó a afirmar que el <em>Polaco cantaba hasta los puntos y las comas de los poemas que narraba</em>. Y todo con el pretexto del tango como mágico aliado. Su idioma gestual y sus estratégicos silencios habían creado un nuevo estilo, admirado por colegas y vanagloriado por la gente, que lo elevó al altar de mito viviente. Finalmente, la partitura de la crueldad del calendario le jugó una mala pasada al querido Goyeneche. Un 27 de agosto de 1994, contra su voluntad y bajo protesta por escrito, su endeble salud desentonó y le dijo adiós a la vida. O tal vez sólo fue un hasta pronto muchachos. ¡Gracias por hacerle el amor al tango, cantor de Saavedra! ¡Gracias por estos ojos vidriosos, <em>Polaco</em>! Canta, garganta con arena&#8230;</span></span></p>
<p class="txt" style="text-align: right; line-height: 150%; margin: auto 0cm;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: Arial; mso-fareast-language: ES-AR;"><span style="font-family: Calibri;">Sergio A. González Bueno</span></span></p>
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		<title>Bonavena y el gen argentino</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Aug 2009 15:22:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sag2103</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[La incipiente primavera de 1942 ofició de anfitriona popular y nos regaló la bendición del natalicio de una leyenda de los puños que interpretó como pocos el sentir del gen argentino. La partida del Registro Civil delata que el 25 de septiembre de aquel convulsionado año, en medio del horror de la Segunda Guerra Mundial [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES;" lang="ES"><span style="font-family: Calibri;">La incipiente primavera de 1942 ofició de anfitriona popular y nos regaló la bendición del natalicio de una leyenda de los puños que interpretó como pocos el sentir del gen argentino. La partida del Registro Civil delata que el 25 de septiembre de aquel convulsionado año, en medio del horror de la Segunda Guerra Mundial protagonizada por el Eje y los Aliados, con Ramón Castillo al frente del gobierno nacional, doña Dominga Grillo dio a luz -en el barrio de Boedo, paradoja del destino- a un niño bautizado como Oscar Natalio Bonavena, quien acusó en la báscula ¡3,950 kilos de peso!<br />
El muchacho de voz aflautada y físico portentoso, en su primer acto de sana rebeldía, le propinó un soberano hook en la mandíbula a las ilusiones de buena parte del vecindario y se convirtió en fervoroso hincha del Globo; la Quema fue su segunda casa y el boxeo su escape a las carencias adolescentes. La necesidad lo forzó a abandonar los estudios e incursionar en diversos oficios para ganarse la vida y vencer por fallo unánime a la subsistencia. Repasemos: cocacolero, repartidor de pizza, empleado de carnicería y picapedrero, entre otros. Su prematura vinculación al mundo de la soga y del puching ball se produjo por sugerencia matriarcal. Los primeros jabs para imponer distancia y llamar la atención de los ojeadores tuvieron lugar en la sede de su eterna novia: el Club Atlético Huracán.<span id="more-73"></span> Graduado en la Universidad de la Calle, construyó un personaje petulante pero astuto. Estratega adelantado a su época, la pilcha de bocón siempre le quedó a medida; dueño de una estudiada verba hostil, amedrentó rivales con la misma eficacia que potenció su imagen de boxeador del pueblo. El libreto de su picardía lo empujó a protagonizar el papel de “malo de la película” y Ringo, asumiendo el rol de villano por voluntad propia, fue galardonado por el jurado con el premio a la mejor interpretación en el rubro antihéroe del ring.<br />
En 1963, en un combate celebrado en San Pablo -ante el estupor de los asistentes-, avergonzado y lleno de impotencia por la golpiza recibida, le mordió una tetilla a Lee Carr. Ello propició una justa suspensión por parte de la Federación Argentina de Box (FAB) que le impidió vestirse de corto en su país; la sanción lo impulsó a exportar sus pensados humores y su virtuosa contundencia a la meca del boxeo: EEUU. Allí, además de algunas victorias resonantes, mejoró su envase original de pugilista adicto al marketing y a la lengua filosa.<br />
Levantada la veda, la bisagra que marcó su carrera y lo instaló definitivamente en el corazón de la liturgia de los puños -a nivel local- se produjo el 4 de septiembre de 1965. Esa mágica noche, con récord de taquilla en el Luna Park y ante más de veinticinco mil personas que colmaron las instalaciones de Bouchard y Corrientes, Bonavena enfrentó a Gregorio “Goyo” Peralta por el título argentino de los pesados. Ringo calentó la previa con sus bravuconadas habituales en los medios de comunicación y la gente -seducida por el perfil bajo y la ausencia de divismo de Peralta- lo condenó antes de combatir. La familia del boxeo, harta de sus exabruptos y sus actitudes circenses, fue a ver rodar su cabeza al cuadrilátero más famoso. Los privilegiados testigos de aquella inolvidable velada pugilística todavía recuerdan la estruendosa silbatina propinada a Bonavena en la ceremonia de presentación de los boxeadores.<br />
La histórica contienda concluyó con un impactante knock-out sufrido por Peralta en el quinto round; un cross de izquierda de manual de Ringo hizo besar la lona al sanjuanino para toda la cuenta. Entonces, los incesantes abucheos del comienzo le dieron paso a una merecida ovación que conmovió los cimientos del templo de los guantes, legendario escenario de la geografía capitalina liderado por el visionario Juan Carlos Tito Lectoure. El recordado Ulises Barrera, maestro con mayúsculas de la profesión, reveló una intimidad que exalta la hombría de bien y los códigos de lealtad de los actores de este rudo deporte: el día posterior al famoso choque, el bueno de Goyo Peralta fue a comer los ravioles amasados por Doña Minga a la casa materna de Ringo, mítico santuario urbano ubicado en Treinta y Tres Orientales 2189. Todo un hallazgo.<br />
Altanero por vocación, las célebres frases de Bonavena permanecen vigentes en la memoria colectiva de la gente. Así, en un sentido monólogo ante la prensa y haciendo gala de su sabiduría made in Parque Patricios, sentenció: “Cuando suena la campana, hasta el banquito te sacan”. O aquella inolvidable máxima del astro que aunó filosofía de estaño y nostálgica resignación ante ese perverso enemigo llamado paso del tiempo: “La experiencia es un peine que te da la vida cuando te quedaste pelado”. Ringo, exultante de alegría, clamaba a quien quiera oír su máximo orgullo: “Gané la pelea más dura, la de la pobreza”. Entonces, sus gustos extravagantes y su glamoroso estilo de vida fueron la comidilla habitual en los Sábados Circulares de Mancera y la gráfica en general. Amante de los productos importados de calidad premium, paseaba su ostentación por las noches porteñas con la misma naturalidad con la que cuidaba su personaje de showman al servicio de la Fundación Bonavena. Adicto a la rula (¡cuánto dinero perdió por su status de jugador compulsivo!) y al Tomás A. Ducó, siempre le escapó a la solemnidad. Su permanente sentido del humor, afín a la ironía y un ego a prueba de directos a la sien, operó como autodefensa para disimular limitaciones de base, haciendo uso y abuso de su mejor arma: la simpatía del campeón. Un Ringo auténtico, sin maquillaje.<br />
El 7 de diciembre de 1970 casi toca las puertas del cielo y se carga a un mito llamado Cassius Clay en el mismísimo Madison Square Garden de New York; el histriónico Clay, rebautizado por él mismo -conversión al islamismo mediante- con el sobrenombre de Muhammad Alí, subestimó a su rival anunciando una rápida definición del duelo. Bonavena, hábilmente, hizo suyo los modos de su eximio adversario y en el cara a cara de la víspera le gritó gallina (¡chicken!) y Clay (¡no Alí!) al boxeador local, sabedor que ello irritaba por demás al oriundo de Kentucky. El país se paralizó con el enfrentamiento del año; Ringo conmovió a propios y extraños con su guapeza y su coraje desmedido. En una pelea pareja y dramática, sólo lo detuvo una frenética andanada de golpes de un extenuado Alí en el último capítulo de la épica disputa. Bonavena cesó su heroica resistencia luego de su tercera caída, obligado por el rigor del reglamento y la capitulación de su rincón. No obstante ello, para asombro de la cátedra, el argentino castigó el ego del norteamericano con una espléndida combinación que depositó en la lona la soberbia y los cien kilos de Alí. La honrosa derrota acrecentó su figura y universalizó el producto Bonavena.<br />
El tiempo y el inevitable ocaso de su carrera aceleraron el principio del fin; la fama y las malas compañías apuraron el fatal desenlace. El infierno tan temido se hizo presente en Las Vegas, Nevada; la fatídica noche del 22 de mayo de 1976 Ringo asistió al cabaret Mustang Ranch -propiedad de Joe Conforte- en busca de su amante, Sally Conforte, esposa del ex manager del boxeador. Su premeditado asesinato, materializado por un ignoto custodio del empresario, de nombre Willard Ross Brymer, puso fin a su novelesca y corta vida. Se iba un fiel exponente de la idiosincrasia criolla, portador genuino del ADN patrio. La congoja general no impidió la emotiva despedida al campeón sin corona; entre lágrimas de desolación y masiva incredulidad, los duendes de Herminio Masantonio y del “tano” Julián Centeya unieron sus angelicales voces al sentido coro popular del homenaje póstumo que retumbó en las entrañas mismas de la emblemática Amancio Alcorta: “Somos del barrio, del barrio de la Quema, somos del barrio de Ringo Bonavena”.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: right; line-height: 150%; margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: 12pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES;" lang="ES"><span style="font-family: Calibri;"><span style="font-family: &quot;Calibri&quot;,&quot;sans-serif&quot;; font-size: 12pt; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-bidi-font-family: 'Times New Roman'; mso-fareast-language: ES; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-hansi-theme-font: minor-latin; mso-bidi-language: AR-SA;">Sergio A. González Bueno</span><br />
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