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Archivada en (General) por sag2103 el 17-04-2009

La fatídica historia de Georgie y el “Flequillo” Soraire

 

La ácida pluma de Jorge Luis Borges denostó al fútbol con esmerado cinismo y despectiva arrogancia. Atrincherado en el púlpito de la sabiduría, combatió a los herejes domingueros con el don de su calificada palabra disidente. El repudio -jamás ocultado por él-, incluyó célebres y altaneras frases de reprobación a la especie; sus reiterados dardos dialécticos apuntaron directamente al corazón del deporte rey, desacreditando su masiva influencia y condenando a cadena perpetua su perversa e inexplicable veneración popular. Extremista con galones, catalogó como minusválidos intelectuales a sus indignos inventores y ninguneó por vulgar al dócil rebaño de sus conspicuos seguidores. Absolutista por ¿convicción?, su recurrente diatriba difamatoria, muchas veces reñida con la racionalidad conceptual de sus demás opiniones, rápidamente lo graduó como la voz combativa por excelencia del opio de los pueblos. Igualmente, amén de cierta insolencia mediática discursiva, el aristocrático jurado del mítico café Tortoni, seducido por el aura y el linaje del políglota escritor “orgullo nacional”, indultó -proceso sumario afectivo mediante- aquellos exabruptos y un pernicioso patrón intolerante del novelista, absolviendo los pecados cometidos a nombre de la reconocida petulancia borgeana, marca registrada del autor de Fervor de Buenos Aires. Ahora bien, ¿qué secreto oculto escondió su sistemática fobia hacia el deporte rey? ¿Es cierto que Borges y el fútbol siempre se trataron de usted? ¿Imagina al enemigo público número uno del balompié vestido de corto y con botines? ¿O hinchando apasionadamente por Newells en el Coliseo leproso del Parque Independencia? Leer mas »