La majestuosa y multicultural Roma, otrora “ciudad eterna” del Imperio, agitada por la presencia de los gladiadores Messi, Cristiano Ronaldo y demás hidalgos escuderos, acaparó la atención de un exaltado planeta redondo. El memorable 27 de mayo de 2009, un grupo de devotos peregrinos del balompié, emocionados por la artística devolución de los líricos del toque -comandados por el literato de la oda Xavi y por el inspirado sonetista Iniesta-, contempló atónito en el Coliseo del Olímpico una revolución sin armas. El culpable de tanto encanto se llamó FC Barcelona. Conmovidos, los ilustrados lectores del cuero y la gambeta, hechizados por las rimas de los atrevidos autores del Camp Nou, emularon la gesta blaugrana con el aura del épico poeta andaluz Gustavo Adolfo Bécquer. O lo que es lo mismo: el reino de la cultura de la pelota celebró con vítores el retorno del fútbol romántico al poder. Entonces, el sublime desagravio de los soldados condales expuso los ruines dogmas de la tiranía del resultado a cualquier precio. Irradiados por la sustancia del húngaro Ladislao Kubala, mítico francotirador de Les Corts en los cincuenta, los valientes y artesanales futbolistas del Barça enamoraron a las coquetas novias del deporte rey; aplicando el decálogo de seducción elaborado por el amante Joseph Guardiola, los adonis del triplete rindieron merecido tributo al legado de Cartas literarias a una mujer, obra hija del ingenio y la sensibilidad de la inmortal pluma becqueriana. Leer mas »