El pitazo final del impresentable árbitro paraguayo Carlos Amarilla desató el generalizado descontrol del cuerpo técnico y los jugadores de la Selección. De manera grotesca e irracional, consumada la “hazaña mundialista”, los destinatarios de los agravios tuvieron nombre y apellido: ¡la prensa antiargentina! ¿Qué hacía Bilardo camuflado y dando instrucciones desde el túnel? La penosa clasificación in extremis a Sudáfrica 2010 (de 10 participantes sudamericanos, cuatro entraban en forma directa y el quinto tenía el premio de un repechaje contra probables “potencias” como ¡Costa Rica u Honduras!), lejos de bajar los decibeles de los futbolistas-hinchas, acrecentó el encono de los gladiadores azules hacia el diabólico Cuarto Poder, ideario gestado por el inolvidable escritor, político y orador anglo irlandés Edmund Burke. Sólo la lucidez de Juan Sebastián Verón -líder espiritual y futbolístico del inestable once de Maradona- escapó a la mediocridad del lamentable episodio. El cerebral futbolista platense, apartado de los festejos agresivos por decisión propia, tuvo la valentía de cuestionar públicamente las miserias del modelo Grondona-Maradona. Esperemos que tamaña sublevación no le cueste el absurdo de mirar el Mundial de Sudáfrica por TV. ¡Aunque Pekerman estaría encantado! Leer mas »