El tórrido 5 de febrero de 1984 la geografía bonaerense de Ciudadela acunó los primeros y “redondos” llantos de Carlos Alberto ¡Martínez! Primogénito del humilde matrimonio formado por Adriana Tévez y Segundo Martínez, el indomable Carlitos creció en las inhóspitas esquinas del temerario barrio Ejercito de los Andes, popularmente conocido como Fuerte Apache. La posterior llegada de sus tres hermanos, superada la inicial algarabía del natalicio, acentuó los problemas económicos de la apremiada familia Martínez. Gambeteando la cruda realidad del desamparo, Carlitos encontró en el fútbol un dichoso escape a la onerosa cuota de la desolación cotidiana, execrable tributo social dispensado a los indefensos afiliados al infausto club de las carencias. Entonces, seducido por el encanto de los mágicos potreros criollos -formadores de innumerables talentos nacionales de exportación-, el diminuto artista de la pelota dribló astutamente las demoníacas y juveniles tentaciones de la delincuencia y la drogadicción. Leer mas »