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Archivada en (General) por sag2103 el 14-09-2009

          El anuncio oficial de la “democratización del fútbol”, efectuado por la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, el plenipotenciario ministro de la AFA Julio Grondona y hasta el mismísimo DT de la Selección, Diego Maradona, preludió una conflictiva ruptura contractual anticipada con el vitalicio socio Televisión Satelital Codificada (TSC), popularmente conocido como Torneos y Competencias. Las oscuras tramas de la rescisión incluyeron pedidos de considerables aumentos en los devaluados cachets afiliados -acordes al nivel de ingresos televisivos abonados en similares Ligas, según la dirigencia afista-, sistemáticamente negados por el poderoso multimedio, y muchos millones de adelanto para afrontar las agobiantes deudas de los clubes con Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), la Unión de Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles (UTEDYP) y la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Disconforme por el veto-retaceo económico de su monopólico accionista, Grondona  se alió con los altos mandos de la Casa Rosada. O, mejor dicho -¡traicionando a su otrora benefactor aliado!-, se alistó en la tropa del enemigo íntimo número “1″ del Grupo Clarín (dueño del 50% de las acciones de TSC), Néstor Carlos Kirchner.

          Dolido por la crítica postura del periódico líder hacia su doble comando de gestión gubernamental y arrastrando -¡todavía!- las esquirlas internas de un justicialismo fragmentado luego del doloroso traspié electoral bonaerense ante Francisco De Narváez, el ex presidente planificó una diabólica venganza hacia la familia Noble. Julio Grondona, alias el hombre del poncho, confirmó in situ el ostensible rencor político del verdadero Jefe; allanado el terreno para patear el tablero del convenio 2014, le ofreció a Napoleón… Néstor Kirchner el negocio de la pelota en bandeja de oro. Sellado el maquiavélico acuerdo del “fútbol para todos” (falacia discursiva publicitaria ya que, el habitante residente en el olvidado interior, en caso de no contratar un operador oneroso de cable, no visualiza de ningún modo la señal de la Televisión Pública) a cambio de la redonda y jugosa exclusividad, el capitalista papá Estado se comprometió a abonar a la AFA ¡600 millones de pesos anuales!

          La catarata de millonarios juicios impulsados por TSC no será gratuita; alerta, el ciudadano común espera no pagar de su bolsillo los elevados costos litigiosos o directamente padecer las metástasis de la inescrupulosa erogación con nuevos impuestos y/o confiscaciones patrimoniales… a nombre de una súbita emergencia nacional. No obstante la ilícita maniobra de los perversos actores de la escena doméstica, Marcelo Bombau (presidente de TSC) tendrá que hacer la autocrítica de rigor. El exabrupto de Cristina, comparando el secuestro de los goles con los desaparecidos de la dictadura militar, deberá leerse como una verdad a medias. La empresa hizo uso y abuso del absolutismo de imágenes; avalada en los mentados derechos, obligó a la patria del taco y la gambeta a subirse a la carroza de Fútbol de Primera para espiar las conquistas de sus colores. Además, en la onerosa exportación primer mundista de las criollas definiciones a los ángulos, cuantiosos cheques con varios ceros a la derecha no fueron declarados al padrino Don Julio, circunstancia que desencadenó el principio del fin.

          Párrafo aparte para la caballeresca gente de la radio. Torneos -deliberadamente- retrasó milésimas de segundo la imagen de los partidos, perjudicando al indefenso relator y obligando al televidente-oyente a sintonizar sí o sí la TV codificada; además, intentando aniquilar a los probos e imaginativos artistas del éter, ordenó a las voces de su milicia el simulacro de relatar los encuentros por las señales de la casa. La vil estrategia destructiva añadió el esperpento camarógrafo de enfocar -en medio de la narración- a los pasionales seguidores de turno ejecutando la partitura de la desesperación o entonando la triunfalista música del campeón. Y todo bajo la cómplice mirada de un tal Julio Grondona.

          Entre tanta corrupción disfrazada de proteccionismo al desamparado hincha, emerge el infinito recuerdo del mirífico Enrique Santos Discépolo; multifacético, describió como nadie los males del ser nacional, decodificando las miserias humanas que supimos conseguir. Agradecido por el regalo del maestro, el exquisito cantor de los cien estadios del “tangol” -más conocido como Ernesto Famá-, interpretó la sabia letra del poeta del Once con su particular verba estribillista: “¡Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remaches ves llorar la Biblia contra un calefón…!”. Conmovidos por tanto realismo, Don Julio, Néstor y Marcelo recitan en trinidad el afinado coro… “¡Siglo XXI Cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil!”       

Sergio A. González Bueno

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