POR JC VARGAS
juan.vargas@nuevoexcelsior.com.mx
Sergio A. González
tiene una manera
distinta de mirar el
futbol. El argentino
nos muestra a Franz
Beckenbauer y su
pasión por la ópera,
los sueños del goleador Just
Fontaine por ser conocido como
un gran cantante o aquel cuadro
macabro de Bobby Charlton y el
día en que el Manchester United
desapareció tras un avionazo.
Se atreve a comparar un gol
de Maradona con un lienzo de
Van Gogh o el zapatazo mundialista
de Iniesta con un cuadro de
Picasso. Va más allá. Escribe su
propia versión de una inverosímil
leyenda, especie de mito urbano,
que señala que el futbol
dejó ciego a Jorge Luis Borges.
El balón se venga de su antagonista
más célebre (“el futbol es
popular, porque la estupidez es
popular”).
Siempre habrá intelectualesque muestren su despreciopor el futbol.
Pero ninguno tan radical como
Borges, quien aborrecía el futbol
y las multitudes.
Irónicamente es el personajemás nombrado cuandose escribe del balón y laliteratura.
De una manera terminó pagando
tanto desprecio de un deporte
al que muchos intelectuales
han brindado su apoyo. Y
claro que seduce la idea de contar
una ficción que a la vez me
contó un amigo periodista.
En su caso, de periodista deportivo se convirtió en escritor.
Tuve ocho años como periodista
y la oportunidad de trabajar
al lado de hombres como Alejandro
Apo. Él leía cuentos de
futbol al aire (radio). Imagínate
escuchar Puntero Izquierdo de
Benedetti. Entre la voz de Apo
y la prosa de Mario, era increíble.
Esos casos marcan a uno.
¿Cambió su manera de mirar
el futbol?
Como periodista deportivo
sólo se busca la primicia, la inmediatez
Como escritor dedicas
más horas a la investigación
y eres más narrativo.
Como Valdano.
Y Juan Villoro, Eduardo Galeano,
Albert Camus.
¿Cómo fue sutransformación?
Publiqué El futbol que no miramos en España, luego de entrar
a un concurso del diario Marca en 2007. Llegué a las finales y
una editorial se ofreció a publicar
mi libro.
¿El futbol que no miramos?
Es lo que yo pienso del futbol
vinculado a la cultura. Poder
comparar un gol de Maradona
con un lienzo de Van Gogh
o el de Iniesta con un cuadro de
Picasso. Escribir también de lo
que hizo el alcohol en personajes
como Garrincha.
Un trabajo que requiere requiere investigación.
He viajado a Roma, Londres,
Madrid, Barcelona, París y Río
de Janeiro en la búsqueda de
archivos para contar historias.
|
Sergio A. González rescata historias del balompié, que se gestan afuera de las canchas; la pasión de
Franz Beckenbauer por la ópera o la inverosímil leyenda
en la que Borges se queda ciego jugando a la pelota. |

| VOCACIÓN PERIODISTICA |
Sergio González cambió la inmediatez de la noticia deportiva por la investigación y la narrativa del escritor. Va por su segundo libro |
8 |
12 |
AÑOS |
APÓSTOLES |
laboró como periodista deportivo en Argentina |
del fútbol aparecerán en su próximo libro |
Como la del Kaiser y supasión por la ópera.
También la historia del goleador
Francés Just Fontaine,
quien incluso apareció en el
Music Hall de París para que lo
reconocieran como un gran cantante.
O aquellos tiempos de
Bobby Charlton y la Ruta de la
Muerte, cuando ocho integrantes
del Manchester United fallecieron
en un accidente aéreo
y Bobby se salvó de milagro.
Historias que formarán partede su segundo libro.
En poco tiempo viajaré a Barcelona
para la edición de Los 12 apóstoles del futbol, donde contaré
historias de vida de personajes
como los mencionados,
además de Maradona,
Di’Stéfano, Pelé, Garrincha y
otros más.
Además de periodista, usted fue abogado.
La vida tiene sus ciclos. Me reconstruí
como escritor, la que
considero una profesión fascinante.
Llego a escribir 12 o 14
horas seguidas, sin comer, durmiendo
poco y mal, pero feliz
"Tuve ocho años como periodistay la oportunidad de trabajar al lado de hombres como Alejandro Apo. Él leía cuentos de futbol al aire (radio). Imagínate escuchar Puntero Izquierdo de Benedetti. Entre
la voz de Apo y la prosa de Mario, era increíble. Esos casos marcan a uno.”
Sergio A. González
Escritor argentino
|
El último partido de Borges
El licenciado y artista plástico rgentino
Harold Macoco Salomón,
amigo del genial escritor en su juventud,
publicó una biografía no
autorizada sobre el patricio Borges.
En uno de sus capítulos desentraña
el misterio y narra una historia eveladora
acerca de sus verdaderos
sentimientos hacia el género.
Así, movilizado por el recuerdo
de los años mozos y desafiando
los anales y la verba pública del
propio protagonista, describió pormenores
de un ignoto partido de
futbol disputado en un gélido invierno
en los albores de la década
del treinta. La contienda, celebrada
en la geografía porteña de Palermo,
midió las fuerzas del club de la
Sociedad del Conocimiento contra
los temerarios Cuchilleros de Boedo.
El team de los literatos contó con la
prosa de Julio Cortázar, Adolfo Bioy
Casares, Roberto Arlt, Evaristo Carriego,
Ricardo Güiraldes, Xul Solar,
Horacio Quiroga, Ulises Petit de Murat
y Harold Macoco Salomón, entre
otras eminencias de la bohemia
ilustrada de la época. Aunque
la presencia
más significativa
del match
tuvo un nombre
y apellido
impensado
para el soberano:¡Jorge Luis
Borges!
El primer acto, precedido de una
ardua disputa entre los encarnizados
rivales, culminó con el tanteador
en blanco. Al regreso del breve
intervalo, el mazo del destino le repartió
una baraja marcada por la
fatalidad al sapiente Georgie. A la
salida de un corner, el Pulpo Borges
elevó su esmirriada anatomía buscando
el glorioso testarazo de la
victoria parcial. En ese momento, un
diabólico empujón lo desestabilizó
en pleno salto, cayendo abruptamente
sobre la rodilla del Flequillo
Soraire, portentoso moreno que oficiaba
de wing izquierdo para los
Cuchilleros.
Borges, en estado de shock y semi
inconsciente, fue llevado rgentemente
al auto de Bioy Casares...
Una vez arribado al nosocomio, el
prolífico paciente ingresó a la sala
de auxilios con una inflamación
aguda en su rostro, que había mutado
de un color morado a uno negro.
La hinchazón en la nariz, los
pómulos y la frente desfiguró sus
facciones naturales, situación que
potenció la contenida congoja de
sus solidarios colegas. Luego de la
revisión de rigor, efectuada por el
prestigioso neurólogo Click Here, el
diagnóstico del galeno no dejó lugar
a dudas: Borges había sufrido el
desprendimiento de ambas retinas.
La inevitable ceguera era una cuestión
de tiempo.
- Parte de la ficción publicada
por Sergio A. González en www.laculturadelapelota.com |