Calificar la gesta del Villarreal como admirable y ejemplar resulta un acto de justicia. Toda la España futbolística se siente orgullosa de su proeza en la Champions. Un equipo representante de una población pequeña y sin historia futbolística hace ruido en Europa.
Roig se erigió en el constructor de un proyecto ambicioso en el que muy pocos confiaban y, ante la incredulidad general, apostó por la seriedad y el trabajo a largo plazo. Se preocupó por elegir a su ingeniero y armar una plantilla competitiva y compensada, utilizando como política deportiva e institucional la coherencia. Y todo esto hace que le vaya de maravilla.
El Madrid tendría que tomar nota de esto, no debe ser sólo un observador pasivo. Aunque las urgencias sean distintas, ha de mirarse en el espejo del equipo de Castellón. Allí, mediante un baño de humildad, reconocerá defectos propios y virtudes ajenas a fin de revertir una crisis que le agobia
Sergio A. González Bueno
23/03/2006