Iker Casillas, excitado por los cantos de sirena de un invicto que disimulaba flaquezas colectivas y obligados ajustes en períodos de formación, cometió el pecado capital de catalogar al FC Barcelona como una moda. Al poco tiempo, el once de gala de Guardiola respondió al osado portero con cinco poéticos goles en las verdes tablas del teatro-coliseo del Camp Nou. Aturdido por los éxitos color blaugrana -dos años y medio de “irritante” hegemonía futbolera-, el madridismo apeló (y apela) a una sistemática procacidad verbal cuya solapada intención apunta a desestabilizar al sublime equipo catalán. El innoble cometido no mezquina euros, convenientes guiños al militante Quinto Poder capitalino ni la complicidad de rentados nombres ilustres. La saga de improperios arranca en Mr. Mourinho, continúa con el aval de los inescrupulosos apólogos de la prensa partidaria y finaliza con la altivez dialéctica del mejor discípulo de The Special One: Cristiano Ronaldo. Afortunadamente, Florentino y Valdano hacen público alarde de una plausible caballerosidad, menguando la patética imagen ofrecida por su estelar dueto mediático. Igualmente, la civilidad de los altos mandos del Bernabéu esconde las secuelas de un angustiante ataque de pánico, agravado por la extensa sequía blanca y los repetidos festejos en Canaletas.
Sacando petróleo de la crisis de identidad del club de Chamartín, irrumpió en la élite del fútbol La Sagrada Familia… del Barça. La obra cumbre de la modernidad, ideada por el exquisito urbanista Pep Guardiola y ejecutada magistralmente por los tridimensionales arquitectos Xavi, Messi e Iniesta, obnubiló al multicultural auditorio de la pelota. Agradecidos, los mendigos del tiqui-taca solazaron su desolada alma con la histórica exhibición de la orquesta culé, guardando en su memoria emotiva la inmortal fecha de la ofrenda: 29-N. El insultante resultado en el marcador (5-0) premió a un equipo modélico, defensor a ultranza de una ancestral escuela, capitaneada por los ideólogos Rinus Michels y Johan Cruyff y apuntalada por un orgullo que trasciende rivalidades políticas y escrutinios temporales: La Masía. Graduados en las “verdes” aulas de la residencia payesa, los maestros no tardaron en dejar su huella; Oriol Tort, Charles Rexach y demás pedagogos canteranos educaron en la religión del pase a un compañero a cientos de miles de soñadores, ávidos por pertenecer a la marca registrada de la excelencia: el FC Barcelona. Sin lugar a dudas, el magnífico legado del Can Barça trascendió las generaciones, explotando en la era del fútbol 2.0. Paradigmático, el innovador team de Cataluña, eficaz constructor edilicio de la estética, proyecta con inimitable ingenio la geométrica maqueta del campeón. Todo sea para homenajear al gran Antoni Gaudí.
Sergio A. González Bueno
02/12/2010