Rafa Nadal es el deportista de moda en España (junto con Fernando Alonso). Pero las proezas del chaval de Manacor son dignas de un héroe mitológico.
Alcanzó el nº 2 del ranking mundial de la ATP con sólo 19 años; venció a todos los top ten sin discusiones. En su superficie preferida ganó Roland Garros 2005 dando una lección de tenis excelso y de coraje inigualable.
Sus golpes son letales. Tiene un passing demoledor, que complementa con un físico privilegiado que le permite defender como nadie en el circuito. Su única cuenta pendiente pasa por mejorar su rendimiento en césped.
Igualmente, el secreto de Nadal pasa por su cabeza. Es dueño de una mentalidad ganadora que apabulla. Nunca se da por vencido. La palabra derrota no existe en su diccionario tenístico. Su consigna apunta a jugar cada partido como si fuese el último, dejándose la piel para alcanzar el triunfo. Su juventud contrastas con la madurez que exhibe dentro del court. Conmueven su esfuerzo y su entrega. Su sueño apunta a alcanzar la gloria deportiva como todo competidor nato.
Pero tiene un desafío extra: demostrar que puede superar la presión del entorno, pues tanto afición como prensa le exigirán ser el mejor a corto plazo. Muchos afirman (erróneamente) que ser el segundo del mundo es un fracaso, que sólo sirve subirse al podio... y en lo más alto se ubica Federer, una valla difícil de saltar. Por eso, paciencia y a no tratar de apurar la carrera del mallorquín. Porque no todos los días aparece un Rafael Nadal.